La manifestación convocada por el PP el pasado sábado no ha hecho más que agravar el estado de crispación del escenario político. Ayer, el PSOE y el PP se lanzaron sendas acusaciones sobre las consecuencias que va a tener en el futuro la marcha celebrada en Madrid contra la política antiterrorista del Gobierno.
Si bien el jefe del Ejecutivo prefirió guardar silencio sobre la convocatoria impulsada por la oposición, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, no se mordió la lengua y reprochó con dureza al presidente del PP, Mariano Rajoy, que se olvidara de las víctimas de la guerra de Irak y del atentado del 11-M en la concentración celebrada contra el Gobierno. Blanco destacó que el número de personas que los que asistieron a la manifestación «fueron la mitad de los que han muerto en la guerra de Irak y el 11-M».
«A Rajoy le parecieron muchos los que asistieron» a la manifestación, pero son la mitad, reiteró, de las víctimas de la Guerra de Irak y del 11-M y a «estos no les ha dedicado ni un sólo minuto». El dirigente socialista añadió que estas víctimas «no existen para Rajoy y, lo más grave, tampoco existen para la conciencia de los dirigentes del Partido Popular».
Por su parte, el presidente del PP, Mariano Rajoy, defendió el valor de la protesta que lideró como un «movimiento cívico y democrático» en el que la gente expresó de forma «serena» su «indignación» por las decisiones del Gobierno.
Tras la asistir a la inauguración del monumento por las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, Rajoy explicó que los ciudadanos que acudieron a la convocatoria del PP expresaron «su indignación» con algunas decisiones del Ejecutivo que, a su juicio, «no pueden ser aceptables en un país democrático».
En declaraciones a los medios de comunicación, el líder del PP recordó, además, que en la manifestación se reclamó «un cambio» de política antiterrorista. Durante la marcha, los gritos de «¿Zapatero, dimisión!» o «¿España merece otro presidente!» fueron algunos de los más coreados.
Ni el tono de la oposición ni las protestas en la calle alteran el discurso del PSOE. Blanco se mostró convencido de que su partido «va a ganar» las elecciones de mayo a pesar de la complejidad que suponen unos comicios de carácter municipal y autonómico, y destacó que ese resultado permitirá al PSOE obtener el mayor número de votos en el conjunto del país, en el de alcaldes y el de comunidades autónomas.
El responsable socialista, quien ironizó al afirmar que «algunos tienen mucha prisa en no perder unas elecciones, que no se apresuren», destacó, que «no quiero que las ganemos por el camino fácil, que sería la desconfianza de la ciudadanía hacia esta derecha extrema y radical, que hará que la gente les enseñe el camino de la renovación».
«En una cosa -subrayó- estoy de acuerdo con Mariano Rajoy, que dijo hace unos días que para ser presidente del Gobierno se necesitaba algo más que ser español y mayor de edad, se necesita que la gente te vote porque no vale sólo con la aclamación, y por eso Rajoy nunca será presidente del Gobierno de España».
La crispación y la división provocada en la sociedad a raíz del desencuentro entre los dos principales partidos a causa de la política antiterrorista se trasladó ayer a la apertura del monumento a las víctimas del 11-M y a punto estuvo de generar una pelea entre partidarios y detractores del Gobierno. José Luis Rodríguez Zapatero fue despedido al término del acto con aplausos y gritos de «fuera, fuera».
División
La tensión comenzó acabada la ceremonia solemne, cuando los Reyes y el jefe del Ejecutivo se disponían a abandonar el lugar. Un hombre que ocupaba una de las butacas en la zona habilitada para las víctimas desplegó un cartel con el texto: '11-M. Acebes prisión por negligencia criminal, Aznar proceso por el Tribunal Internacional de La Haya'. El gesto fue aplaudido, por una parte, y contestado con abucheos desde las butacas vecinas, en las que había miembros de las dos asociaciones mayoritarias de afectados, que presiden Pilar Manjón y Ángeles Domínguez, enfrentadas ente sí.
Cuando se disponía a abandonar la explanada, Pilar Manjón fue increpada por varias personas que se habían acercado al pie del monumento. En ese momento se desató un enfrentamiento general, en el que dos sectores de ciudadanos corearon consignas de protesta. De un lado, un conjunto de personas dirigido por dos individuos que portaban sendas banderas españolas, que chillaban frases como «No lo sabemos, quién ha sido» en alusión a la autoría del 11-M, o «España unida jamás será vencida».
Frente a ellos se colocó otro grupo más numeroso que les contestó con gritos de «Zapatero, no estás solo», «Vosotros fascistas, sois los terroristas», «Aznar, canalla, te vemos en La Haya». Hubo acaloradas discusiones y algunos miembros de ambos grupos se encararon entre sí, por lo que la policía acordonó el monumento.
Un joven intentó mediar entre los dos grupos y apeló al respeto a las víctimas, sin lograr apaciguar los ánimos.