HACE ya algún tiempo que anuncié a los adictos 'Al Aire' la posibilidad de que las entregas semanales del 'Diccionario del disparate' que suelen aparecer en la columna dejaran de hacerlo en breve...
(«-¿Gracias a Dios! -exclamó un lector».
-De nada, pero haz el favor de tutearme -respondíle»)
... y así lo explicaba, su autor Dascoíte:
«Resulta que era sábado y andaba de marcha por la capital del Principado, cuando, a altas horas de la noche, conocí a un editor con el que tomé unas cuantas copas mientras le hablaba de mi vasta obra lexicográfica. Le interesó tanto el asunto que me planteó la posibilidad de publicar el diccionario en fascículos. Me facilitó un teléfono para llamarlo el lunes. Así lo hice, pero el empleado que se puso me comunicó que allí no quedaba nadie porque estaban a punto de demoler el edificio para construir otro mayor en su lugar. Si mal no recuerdo, aquella editorial se llamaba La Caleya... No, no... ¿La Cadellada!».
Pues bien, un montón de meses después, el editor de marras se puso en contacto con Dascoíte para reverdecer el proyecto. Ya les contaré. Mientras tanto, les ofrezco un breve fragmento de la obra:
Aspereza: como la propia etimología del vocablo nos indica, se trata de la flojedad, descuido o lentitud en las acciones o movimientos de aquellos que han llegado a ser números uno en su quehacer. Sirva un ejemplo extraído del ámbito balompédico: el de esos llamados galácticos que sólo tienen amor a los colores... ¿de los billetes de 500 euros!
Cántabros: según el historiador Estrabón, bebían agua sin parar, lo cual les convierte en la tribu preferida de esa ministra de tintes calvinistas llamada Elena Salgado. Existe un conocido refrán alusivo a tamaña acuosidad: «Tanto va el cántabro a la fuente...».
Estampedo: palabro acuñado por la Asociación de Tragones Ufanos de Fabada Asturiana (ATUFA), con el significado de ruido fuerte y seco como el producido por el disparo de un cañón, sólo que en este caso procedería del aire expelido por el ano.
Terquedad: condición común a dos especies animales: mulos y hombres. Según reputados zoólogos, la primera es bastante más inteligente, como lo demuestra el hecho de que en ella no se registren ejemplares fanáticos o racistas.