Tiene un trabajo «gratificante pero sufrido». Trabaja a la intemperie, primero con pico y pala y después con pincel. Hace fotos, dibujos, recupera materiales... Hace diez años que se dedica a buscar las huellas de los que poblaron Asturias mucho antes que nosotros. Cristina Arca es arqueóloga y es la autora del estudio sobre el último hallazgo de Cimadevilla: restos relacionados con la muralla romana que han aparecido tras el derribo de un inmueble en la calle de Óscar Olavarría y tres semanas de excavaciones. La Consejería de Cultura analiza ahora su importancia y estudia la forma de conservarlos.
-¿Cómo llegó hasta este nuevo trozo de muralla?
-Según la legislación, cualquier construcción que se realice en el casco histórico de Cimadevilla debe tener una investigación arqueológica. En este caso, marcamos una trinchera en el centro del solar y fue justo ahí donde apareció la estructura.
-Y tuvieron que seguir excavando.
-Sí, hicimos unas ampliaciones. Había que obtener algún elemento más para poder diagnosticar qué era. El Servicio de Patrimonio hizo una inspección y recomendó al promotor de la obra abrir todo el solar para constatar todos los restos. Ahí determinamos ya todo el ancho del muro, cómo se relaciona con el otro muro que aparece, y todos los elementos culturales. Pero no pudimos excavar en todo el solar: hubo que dejar una zona por seguridad para el resto de edificios. En ese momento, Patrimonio realiza una segunda inspección. Finalmente redactamos la memoria y ahora es la Consejería de Cultura la que debe tomar la decisión.
-No sólo aparecen restos, sino que estos pueden introducir un cambio en el trazado hasta ahora conocido de la muralla romana.
-Lo importante, en realidad, es haber documentado otra estructura de época romana. Estamos en un casco histórico de origen romano: el primer poblamiento de Cimadevilla es romano. En este caso, sabemos que la estructura es de la época, y que no es doméstica, por las dimensiones del muro, que son 7 metros de largo por 2,40 de ancho. Bueno, en realidad no es un muro, es una cimentación, que siempre es más ancha que el muro que se ve. Sabiendo que, además, el trazado de la muralla va muy próximo...
-Sí, pero no por Óscar Olavarría.
-Esa hipótesis se había trazado en base a los restos hallados tras el Palacio de Revillagigedo y cerca de la Cruz Roja, en la cota 10. Con todos esos datos, tenemos que determinar que lo que hemos encontrado es una estructura defensiva o, al menos, tiene alguna relación con ella. Por eso, la hipótesis que planteamos es que el trazado de la muralla está unos metros más arriba. Pero es una hipótesis, porque en realidad, en el solar, lo que tenemos es un metro de la supuesta muralla.
-Lo cierto es que, hasta ahora, prácticamente no se habían hallado restos de la parte occidental de la muralla.
-Por eso, este hallazgo aporta datos para poder seguir entendiendo cómo era el trazado.
-¿Ha tenido la oportunidad de comentar el hallazgo con Carmen Fernández Ochoa (quien dirigió las excavaciones de Cimadevilla entre 1982 y 1995)?
-Sí, la verdad es que hemos hablado y coincidimos en que es una hipótesis. El solar es demasiado pequeño y no puedes aventurarte a decir nada. Hombre, me encantaría poder decir muchas cosas, pero sería dejarte llevar por la imaginación.
-También demuestra eso que en Cimadevilla hay mucho encontrado, pero también mucho por encontrar todavía.
-Suponemos y nos gusta pensar que queda mucho. Lo que sucede en Cimadevilla es que es una zona poblada desde el siglo I y, además, poblada constantemente. Eso ha provocado que constantemente se ha remozado el terreno, se ha destruido para volver a levantar.
-Para los constructores es un riesgo...
-Sí, pero para que el Ayuntamiento les conceda la licencia de obras necesitan un estudio arqueológico previo.
La picaresca
-Dicen que en otros lugares la gente intenta ocultar los hallazgos para evitarse problemas.
-Eso pasa en muchos sitios. La picaresca siempre ha existido. Pero lo cierto es que todas las leyes de patrimonio que están saliendo y una concienciación de la ciudadanía y los políticos hacia el patrimonio está fomentando que eso cada vez suceda menos.
-En Gijón, y en Asturias en general, ¿tenemos esa concienciación hacia nuestro patrimonio arqueológico?
-En Asturias está muy regulado y en los últimos años se ha avanzado mucho. Desde la Consejería de Cultura han tomado cartas en el asunto y se han involucrado mucho con todo el tema. Por ejemplo, con la redacción de las cartas arqueológicas para saber con qué elementos cuenta Asturias. Eso ha favorecido la localización y protección de yacimientos.
-Antes de esa regulación, ¿puede haberse destruido mucho patrimonio?
-Es algo imposible de saber. Habría que preguntárselo a los constructores. Lo cierto es que incluso en obras que carecían de control arqueológico se han comunicado hallazgos de restos. Pero todo está muy regulado desde los años 90.
-Además de cuidarlo por ley, ¿lo apreciamos?
-Hombre, los investigadores hacen un gran esfuerzo por conseguirlo y transmitírselo a la gente. Lo que se descubra del patrimonio hay que transmitirlo, darlo a conocer para involucrar a la gente en la valoración y la conservación. Se intenta que los ciudadanos sepan lo que tienen.
-Por las fechas que da, Cimadevilla fue pionera.
-Pienso que sí, porque además aquí las excavaciones comenzaron con un proyecto determinado. En Gijón, además, no fue sólo Cimadevilla, sino la Campa Torres, el Monte Deva, Veranes... Gijón ha estado muy interesado siempre en la recuperación del patrimonio.