«Liberal y conservero». Paz Fernández Felgueroso rescataba ayer del recuerdo este juego semántico con el que el periodista Francisco Carantoña solía definir la figura de Alfredo Liñero, empresario y político fallecido el sábado a los 74 años. Dos conceptos que resumían las dos pasiones en las que Liñero volcó toda una vida, intentando poner en cada momento lo mejor de sí mismo para su empresa y para su ciudad. También para sus ideas. En las horas del pésame casi todos los que le conocieron, y muy especialmente quienes compartieron con él sus años en primera línea de la política, coincidían en señalar al ex concejal como «un político de raza» que jugó un importante papel en los primeros años de la democracia en Gijón.
Nacido en 1942, Alfredo Liñero comenzó a trabajar desde adolescente en la actividad conservera, ayudando a su padre a sacar adelante la empresa Litoral, por entonces aún un pequeño negocio familiar. Sus hijos recordaban ayer cómo su padre y su abuelo abrieron la primera gran nave de la factoría en el municipio cántabro de Santoña, «para poder estar próximos a las zonas tradicionales de recogida de anchoa». Luego el negocio se trasladaría a Cimadevilla y finalmente sería llevado a su ubicación actual en Tremañes, antes de vender la marca a la compañía multinacional Nestlé.
En 1972 Liñero fundó la sociedad Fabricantes Asturianos de Conservas, S. A. (Facsa), nacida como consecuencia de la concentración de once empresas de un sector que no parecía pasar entonces por su mejor momento. Al frente de Facsa y de la marca La Polar, Liñero demostró un auténtico espíritu emprendedor, siendo pionero en numerosas iniciativas dentro del sector, entre las que destacó su impulso a mediados de los años 70 a la exportación de las conservas asturianas a mercados europeos como el alemán, el suizo, el belga y el inglés. Más recientemente se atrevió a apostar también por destinos menos explotados como Túnez y Arabia Saudí. Presidente de la Asociación de Conserveros de Asturias, y poseedor de uno de los mayores archivos sobre este sector en el Principado, Liñero se mantuvo al pie del cañón empresarial hasta el último momento.
Convencido europeísta
Solo en una ocasión Alfredo Liñero relegó sus labores empresariales a un segundo plano. Sería durante sus años de concejal, época en la que su hermano José Manuel tomó el control de Facsa mientras Alfredo dirigía el urbanismo municipal en la primera Corporación democrática de Gijón. Esta sería su principal incursión en la primera línea de la política, tras varios años preocupado por la participación pública.
Desde joven entre sus ideales destacó un convencido europeísmo del que dejó reflejo en varios artículos en la página 'Joven Europa', que publicaba semanalmente EL COMERCIO y en la que junto a Liñero participaban varios alumnos de Derecho Internacional de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo. Años más tarde llegaría a convertirse en miembro del Consejo de Europa.
A nivel municipal su primera gran aventura política tuvo lugar en 1966, año en el que formó parte de una candidatura para las elecciones municipales por el tercio de cabezas de familia, aunque finalmente no logró acceder a la representación municipal.
Ligado a las corrientes socialistas, Paz Fernández Felgueroso recordaba ayer que empezó a coincidir con Liñero en 1974, dentro del ámbito del Partido Socialista Popular (PSP). «En mi primer mitin con el PSP, en 1977 en Oviedo, yo participé representando a las mujeres y Alfredo como un industrial comprometido con la política», apuntó. Felgueroso definió a Alfredo Liñero como «un romántico de la política» y señaló a modo de anécdota cómo en sus años de concejal «iba a los plenos cargado de libros y carpetas, que ocupaban tanto espacio que era imposible sentarse a su lado».
Al frente del urbanismo
Tras resultar electo por el partido socialista (PSOE) en las municipales de 1979, Liñero se convirtió en efecto en el primer concejal de Urbanismo de la era democrática en Gijón. Felgueroso destacó la importancia de su labor al frente de este área puesto que «esa Corporación fue la que planificó el crecimiento de la ciudad, la que supo sacar adelante una situación complicada para buscar un mejor ordenamiento para Gijón. De su mandato surgieron los primeros proyectos que se han desarrollado en los años posteriores». La edil lamentó el fallecimiento del ex concejal y, en un mensaje de condolencia en nombre de la Corporación municipal señaló que «se pierde un personaje ilustre y discreto de esta ciudad».
Carmen Veiga, gerente del Teatro Jovellanos, que compartió con Liñero presencia en el Ayuntamiento, definió por su parte al difunto como «un político de raza, que vivía la política con mucho sentimiento» y destacó su trabajo «para que los barrios alcanzasen el protagonismo que antes se les negaba y que en la ciudad dejase de haber barrios de primera y barrios de segunda».
La consejera de Presidencia, María José Ramos, apuntó por su parte que el fallecido «supo aportar experiencia a una Corporación en la que muchos de los que participamos éramos muy jóvenes. Era un hombre sencillo, trabajador y un buen compañero».
Agotado el primer mandato, volvió a presentarse a las municipales, en esta ocasión por el Partido Asturiano Democrático Liberal, aunque no logró representación. Luego se apartaría de la política activa para centrarse en su vida profesional. El funeral por su eterno descanso tendrá lugar hoy, a la una, en la iglesia de San Julián, en Somió.