Una veintena de chalés de El Coto resisten, casi de forma numantina, la presión inmobiliaria para construir bloques en altura en los codiciados solares que ocupan. Pisos con plaza de garaje en otras zonas de la ciudad o dos apartamentos o 240.000 euros (40 millones de pesetas) en metálico son algunas de las ofertas que las empresas promotoras han hecho llegar a los propietarios, pero no han sido suficientes para vencer su resistencia a vender. El apego a la casa de toda la vida en personas de avanzada edad es más fuerte, en muchos casos, a cualquier contraprestación que se les ponga por delante (y las mencionadas no parecen desorbitadas).
El PGOU tampoco se lo pone fácil, desde luego, a los constructores que quieren desarrollar promociones urbanísticas en el antiguo barrio obrero. En las parcelas aprovechables por el sector inmobiliario la normativa municipal prevé un sistema de planeamiento especial con unidades de actuación muy grandes, equivalentes a manzanas enteras. La volumetría y edificabilidad permitidas varían en función de la ficha urbanística del solar, pero el modelo urbanístico definido para la zona es similar al de Viesques. Esto es, bloques residenciales abiertos, de hasta tres y cuatro alturas, con amplias zonas ajardinadas, algunas de uso público y otras de uso privado. Por regla general, el Ayuntamiento autoriza la construcción de un metro cuadrado por cada metro cuadrado de suelo.
Al estar siempre afectados varios propietarios en cada solar, el acuerdo unánime que requiere la puesta en marcha de los proyectos es complicado. De hecho, en estos momentos ya hay varias actuaciones bloqueadas porque los dueños de una vivienda unifamiliar han vendido, pero en cambio sus vecinos se niegan a abandonar el chalé. Por esa razón, empresas como Piñole, el Grupo Fresno y Construcciones Amado, con intereses en la zona, asumen que el crecimiento urbanístico de El Coto será «lento» y se materializará «a medio y largo plazo».
La mayoría de estos chalés individuales y pareados irreductibles se construyeron en la década de los sesenta en plena época de desarrollismo gijonés. Calles como Quevedo, Leopoldo Alas y Avelino González Mallada concentran algunos de los pocos solares que conservan este tipo de edificación en vías de extinción en el barrio. «Es muy poco lo que hay y por ese motivo todo está muy trillado», admite la responsable de una promotora con suelo adquirido en la zona.
4.500 euros el metro
Los promotores gijoneses están interesados en la zona por su relativa proximidad al centro urbano y la demanda que tienen los pisos que, con cuentagotas, van saliendo allí al mercado. Según José Manuel Balbuena, agente inmobiliario, el metro cuadrado se paga ya en El Coto 4.500 euros con plaza de garaje incluida. Así, un piso nuevo de 60 metros cuadrados puede rondar los 228.000 euros (38 millones de pesetas).
A la hora de jugar sus bazas, los constructores saben que El Coto es un barrio cada vez más envejecido e intentan convencer a los propietarios de las comodidades que encontrarán lejos de una zona donde numerosos pisos carecen de ascensores y existe dificultad para instalarlos en la actualidad por el tipo de edificación.
Caso aparte son los chalés que se encuentran más próximos a la zona de El Bibio. Esas viviendas no despiertan interés entre el sector inmobiliaria porque el PGOU obliga a mantener la tipología actual y a los empresarios no les compensa derribar para volver a construir un chalé.