Una controvertida campaña del Ministerio de Exteriores japonés mostraba el rostro de un varón tapado por su pasaporte nipón y advertía: 'Disfrute de sus vacaciones, pero cuidado con el sida'. Era la primera vez que el gobierno del imperio del sol naciente reconocía el importante papel que sus ciudadanos tienen en el turismo sexual del continente asiático, donde son mayoría. Los medios de comunicación occidentales asumen generalmente que la práctica de la prostitución en Asia está íntimamente ligada a la demanda de turistas europeos y estadounidenses. Sin embargo, la gran mayoría de clientes son asiáticos. Un buen ejemplo es Tailandia, un país que acoge anualmente a medio millón de turistas sexuales. Sin duda, se trata de una cifra alarmante, pero poco significativa si se compara con los 4,6 millones de tailandeses que, en el mismo tiempo, compran sexo.
Esta realidad responde a multitud de factores socio-culturales propios. El hecho de que la mujer sea considerada en las sociedades asiáticas como una posesión facilita que se la trate como mera mercancía, a pesar de que lleva sobre sus hombros el peso de la familia, e incluso el del trabajo agrícola. Se le exige que sea sumisa y laboriosa; buena madre, buena esposa, trabajadora y poco habladora. Y, sobre todo, que acate los mandatos del hombre. El comportamiento de éste no está reglado. La mayoría cree que tiene derecho a acostarse con tantas mujeres como pueda permitirse, y esto es algo que sucede hasta en los lugares más pobres. No es de extrañar, pues, que el 98% de quienes compran sexo en Asia sean asiáticos.
No obstante, sólo hay que echar un vistazo a las calles de Ángeles, en Filipinas, o Phnom Penh, en Camboya, para darse cuenta de que la pedofilia sí está íntimamente ligada a los comportamientos de extranjeros, básicamente japoneses y occidentales. Según Naciones Unidas, sólo en 2004, Camboya recibió la visita de unos 200.000 pederastas. Michael Lewis, veterano estadounidense de la guerra de Vietnam, tenía 69 años cuando fue detenido. Lo encontraron en la habitación de su hotel, desnudo, con dos niños de 8 y 10 años con los que había mantenido relaciones sexuales. Fue uno de los pocos juzgados y condenados por pederastia.
Actualmente, la mayoría de los Estados occidentales cuenta con leyes de extraterritorialidad que permiten juzgar a sus nacionales cuando son acusados de delitos sexuales en terceros países. «Es una iniciativa muy interesante pero que da pocos frutos», comenta Pobnang Shitubong, colaborador de Cruz Roja en Camboya. «Para que se produzca la detención de un pederasta en su país de origen tiene que haber una denuncia previa. Con el grado de corrupción de las autoridades de la mayoría de países donde cometen los delitos, es realmente difícil que ésta se produzca. El negocio de la prostitución de menores es tan rentable que finalmente todo el mundo se aprovecha de ellos.