«La 'Operación Puerto' ha sido un cachondeo». Jesús Manzano, con su denuncia de las prácticas dopantes en el ciclismo, fue el vértice sobre el que se generó la caza de brujas más importante sobre el dopaje en España. Ayer el juez de instrucción del Juzgado número 31 de Madrid, Antonio Serrano, comunicó a las partes personadas el «sobreseimiento y archivo del caso». El pelotón no tardó en reaccionar y aunque la noticia ya se conocía desde hace días aprovechó la salida de la primera etapa de la París-Niza para protestar: lo hizo con un minuto de silencio y parón antes del inicio.
La decisión del juez se basa en que «la sangre encontrada... tenía no un determinado receptor, sino un concreto -misma sangre para la misma persona- por el sometimiento a control médico, minimizando el potencial de riesgo que, incontrolado, podría causar cualquier otro medicamento». Vamos, que la sangre encontrada no era perjudicial para la salud de los ciclistas. Además sólo en ocho de las 99 bolsas de sangre encontradas en poder de Eufemiano Fuentes contenían eritropoyetina y los niveles encontradas no eran nocivos para la salud.
Vicente Belda, Manolo Sáiz y un buen puñado de ciclistas suspiran aliviados -eran parte implicada- pero por el camino se han quedado equipos como el Liberty y el Comunitat Valenciana, además de muchas carreras deportivas de ciclistas. «Hay Justicia para castigar a pobres y no a los ricos, porque que no me digan a mí que la EPO o la hormona de crecimiento no son perjudiciales», dice el exciclista del Kelme. «Esta hormona acelera el cáncer».
«El daño ha sido tremendo», reconoció Pat McQuaid, presidente de la UCI, ya que «el ciclismo sigue sufriendo las consecuencias ocho meses después». El irlandés ha confirmado que el deseo del máximo organismo es agotar todas las vías posibles para sancionar a los ciclistas implicados.