Dirige un centro universitario con más de 2.000 alumnos, una cota verdaderamente extraordinaria en un momento en que los numerus clausus de las carreras caen de forma masiva ante la falta de alumnos que los cubran. Dice Joaquín Mateos que los 519 matriculados este curso en el primer año de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial suman más que los de todos los centros del campus de Gijón juntos. Pero ese factor, que potencia la escuela en el ámbito interno, le va a crear problemas a la hora de aplicar la filosofía de grupos pequeños que exige el Espacio Europeo de Educación Superior. Sobre todo si, como dice, el edificio recién reinaugurado con una inversión milmillonaria, no va a poder redistribuir sus espacios en aulas pequeñas.
-¿Cómo hacen para que en estos tiempos demográficos sean el segundo centro de la Universidad de Oviedo en número de alumnos?
-No hay ninguna receta. Siempre tuvimos muchos alumnos y aun en estos momentos no sólo no perdemos estudiantes sino que los ganamos. Sólo de nuevo ingreso tuvimos 510, tantos como el resto de las escuelas del campus juntas, y globalmente alcanzamos los 2.169, cifra ligeramente superior a los 2099 del año anterior. Sólo nos supera Derecho, pero, a decir verdad, no creo que sea malo que perdamos alumnos porque no tiene mucho sentido sacar 400 ingenieros técnicos al año que es imposible que Asturias absorba.
-¿Cuál es el perfil del alumno de la escuela?
-Cuando eligen ingeniería técnica muchas veces lo hacen sin una base sólida. A veces lo hacen guiados por una afición; como me gusta la mecánica, pues hago ingeniería. Muchos escogen la de tres años porque le tienen miedo a la superior de cinco y creen que es más fácil. Y a la inversa, hay alumnos que fracasan en la superior y vienen con la idea de que esta va a ser muy fácil y fracasan también porque hay que estudiar. También porque tiene una buena salida. A veces en nuestra bolsa de empleo tenemos que hacer 10 ó 15 llamadas para encontrar a un titulado que esté libre con el perfil que las empresas nos piden y tenemos que acabar colgando la propuesta en el tablón de anuncios.
-A pesar de su crecimiento, el buque insignia del campus sigue siendo la Politécnica...
-Yo no aspiro a convertirme en buque insignia del campus, porque, entre otras cosas, los departamentos están muy ligados a la Politécnica y los grupos de investigación y los proyectos con las empresas ellos los tienen más consolidados. Yo lo que quiero es que la escuela siga progresando.
-A la hora de afrontar el Espacio Europeo de Educación Superior, que propugna grupos pequeños de alumnos tener tantos a lo mejor no es tan bueno.
-Con el Espacio Europeo y sin él. No podemos trabajar como estamos trabajando con grupos tan grandes de alumnos. Tenemos un promedio de 120-130 alumnos y no hay manera de dividirlos porque no hay dinero ni profesores. Resulta paradójico lo que sucede. Si hay caída de alumnos en otros sitios, bajará la docencia y podrían venir aquí para desdoblar los grupos, pero no sucede así. En cualquier caso, Bolonia traerá otros problemas que afectarán al conjunto de la Universidad. Ahora tenemos ocho horas semanales de clase y seis de tutorías. Con los planes nuevos serían, por ejemplo, 5 de clase y 20 de orientación a los alumnos y ¿cómo lo va a hacer desde el departamento que está a un kilómetro o en Oviedo? Va a ser difícil cambiar esa imagen en la Universidad y más difícil adaptar este edificio a las aulas pequeñas que propugna el Espacio Europeo.
-Si se reestrenó hace tres años...
-Yo, que ya lo miro con esos ojos, veo que las aulas no tienen posibilidades de dividirse, porque si pudieras poner cuatro tabiques y hacer tres pequeñas se solucionaba, pero las aulas solo tienen luz por un lado, no puedes dividirlas o, si las divides, tienes que pasar por una para llegar a la siguiente. Es difícil y no sé cómo se va a solucionar. Se va a necesitar mucho dinero.
-¿El Espacio Europeo facilita la titulación con esa diferencia escolar entre conocimientos y capacidades?
-En el caso del ingeniero, no, porque, a fin de cuentas, un buen ingeniero es una persona que sabe resolver problemas, por lo tanto lo que hay que hacer es proporcionarle las herramientas para hacerlo. Cuando yo estaba en el último año de carrera me di cuenta de que no tenía grandes conocimientos, pero sabía estudiar. Aprendí a aprender, que es el paradigma que están sacando ahora. Y cuesta trabajo. A mí mismo, estando en clase, me da la impresión de que si yo no digo una cosa los chavales no pueden saberla. Y no debería ser así.
-¿Y esa es una aportación del Espacio Europeo o algo que tenía que haber sido y no fue?
-Yo creo que tenía que haber sido y no fue.
-¿Y ahora están preparados los profesores para este cambio?
-Bueno, yo diría que no todos, porque, en realidad, ¿quién nos preparó? El problema estará sobre todos para los mayores de 50 años, pero con esfuerzo lo vamos a hacer y la Escuela va a avanzar.