«Deben creer que, encima de probes, somos tontos». Los vecinos de Coronel Baeza se cansan, creen que el Ayuntamiento juega al despiste al asumir responsabilidades sobre la presa de Trubia. Llevan desde la construcción del Machón, en 1967, mirando al cielo. Cuando llueve, sufren inundaciones; pero lo que más les preocupa, «es que haya filtraciones que puedan estar dañando los cimientos del edificio y, mientras, el equipo de gobierno echando balones fuera», según lamenta el presidente de la comunidad, José Antonio López.
«Por nosotros no se ha preocupado nadie. Han salido sus peleas en la prensa, pero a nosotros nadie nos ha venido a preguntar cuál es nuestra situación», dicen los residentes. Desde la ventana, sacan fotografías del agua, a punto de rebosar. «Estamos hartos», señalan los vecinos mirando al suelo. Durante varios meses, el Consistorio apuntó hacia la Fábrica de Armas, para cuyo servicio se construyó la presa hace cuatro décadas. Más tarde, culpó a la Confederación Hidrográfica del Norte, la última en utilizar el agua. Sin embargo, hace poco más de un mes se descubrió que el propietario del Machón no es otro que el propio Ayuntamiento. El Ministerio de Defensa se lo cedió, mediante convenio, en 1992.
«Nuestra lucha comenzó hace ya más de un año», recuerda el presidente del portal más cercano a la presa y, por tanto, el más afectado por las crecidas del río. «Llamamos a la Policía para que tomase nota e informase al Ayuntamiento. No volvimos a saber nada de ellos», protesta, acariciando las paredes por las que tanto teme.
El técnico del Consistorio tardó, pero finalmente apareció. En las viviendas, construidas en 1956, ya habían aparecido grietas. «Echó un vistazo y dijo que no era nada grave. Tuvimos que insistir mucho para que sacase fotografías de los desperfectos. Luego, con ellas, hicieron el informe», recuerda.
14.600 euros
Con la aparición de las grietas, el equipo de gobierno les envió una carta asegurándoles que la situación no escondía mayor riesgo. «A los dos meses, nos mandaron otra, en la que nos amenazaban con utilizar la vía judicial si no realizábamos un informe sobre el estado del edificio. Estimaban que el estudio costaría 14.600 euros», comenta indignada la secretaria de la comunidad, Marta Rodríguez Gómez.
La paciencia de los vecinos estaba a punto de colmarse cuando se enteraron de que «quienes nos exigían que pagásemos ese dinero -que muchos vecinos no tienen- eran los causantes del perjuicio».
El número 6 de Coronel Baeza luce un reciente lavado de cara. La fachada, pintada en llamativos colores, al igual que los edificios que le rodean, da la impresión de coronar un edificio cuidado. Pero dentro, desde la escalera, los vecinos hablan de un inmueble ajado y por el que sí han pasado los años: «Para pintar todo el barrio sí que tienen dinero. Siempre es lo mismo. Todo se hace para aparentar. La prioridad no es que los cimientos estén bien, sino que lo parezca desde fuera».
En Trubia, tienen las ideas claras: «Quien la hace, la paga. La construcción de la presa es posterior a la de las viviendas y es el Consistorio el culpable de nuestros problemas. Exigimos que revisen el estado del edificio ya».
En casi todos los pisos del edificio existe un denominador común: «Tenemos miedo. ¿Están esperando a que se nos caiga la casa encima?». Su propuesta es clara, además del estudio en profundidad del estado de los cimientos, los afectados piden que se retire la compuerta para poder recuperar así el paso natural del río, y que se refuercen las riveras, para que no falle de nuevo la impermeabilidad.
La presa de El Machón, ahora en desuso, es un pequeño muro que retenía el agua y la desviaba para la Fábrica de Armas. Forma, además, un obstáculo para el salmón que dificulta el remonte de estos peces, en cuya reintroducción en la cuenca del Nalón se han esforzado las administraciones. Pese a las dificultades, este tipo de peces remontan El Machón. El Principado ha localizado alevines por encima de la presa en varios muestreos. Pero eso, dicen en Coronel Baeza, «ya es problema suyo».