Miércoles, 14 de marzo de 2007
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ASTURIAS

CARMEN RODRÍGUEZ PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN DE MUJERES CAMPESINAS DE ASTURIAS
«De todas las mujeres, las del campo son las que más han cambiado»
«Me pregunto cómo los políticos piensan mantener las alas de la región, con los recursos naturales que tienen, si no es sosteniendo la población»
«De todas las mujeres, las del campo son las que más han cambiado»
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Carmen Rodríguez es la presidenta de la Asociación de Mujeres Campesinas de Asturias (AMCA) desde su fundación en 1989. El colectivo cuenta con más de 1.800 socias. Casada, con dos hijos y dos nietas, tiene una casa de turismo rural en Cangas de Onís, que cuenta con una explotación de ganado vacuno de carne, un viñedo y una huerta con la que se autoabastece. Es una defensora ferviente del mundo rural, y del papel que desde siempre ha tenido la mujer en su desarrollo.

-La población del campo sigue disminuyendo, y sin embargo su asociación sigue creciendo. ¿A qué se debe?

-Tiene una explicación muy clara. Nosotras seguimos las directrices de la Unión Europea, que dice que núcleo rural es aquella población de menos de 10.000 habitantes. En esta asociación no sólo somos mujeres que trabajamos en el campo sino también con diferentes trabajos y oficios que viven y trabajan en el medio rural, tanto del campo como gente administrativa. Hay mucha gente diplomada o con buena formación que vienen a AMCA porque la ven como una asociación seria.

-¿Eso significa que no hay muchas mujeres que se incorporen a las labores del campo?

-Son más mujeres que hombres las que se incorporan, y más ahora que hay ayudas de la Consejería de Medio Rural. Y de todas las las mujeres, son las del campo las que más han cambiado.

-¿En qué sentido?

-Lo primero, los estudios, porque hoy día son más las mujeres universitarias que hombres. Y segundo, la independencia. Antes estaba muy mal vista una mujer soltera. Hoy, sin embargo, tiene su vida y su independencia y está muy orgullosa de ser así. Y las mujeres casadas tenemos muchísima más libertad, igualdad y somos valoradas por la familia. Entonces sí tenían mucho más ánimo de sacrificio que ahora, pero quizá está bien que lo vayamos abandonando, si no va a ser valorado.

-¿Hacia dónde avanza ese sector protagonizado por las mujeres?

-Lo más significativo es la diversificación. Hay gente que se dedica a la apicultura, queserías, fabas, viñedos, no sólo ganaderos, que siempre parece que es lo que abunda. Todo va por ciclos. El campo siempre se menospreció, pero ahora hay gente con más cultura y más formación, y probablemente la poca gente que se quede en el campo va a tener más facilidades porque va a estar mentalizada para consumir y producir cosas mejores.

-¿Cree, entonces, que va a redundar en la calidad?

-Sí, al menos esa es mi esperanza y lo que voy detectando a mi alrededor.

-Comentaba recientemente que la asociación está en auge en buena medida por las casas de turismo rural. ¿No es negativo que predomine el turismo rural y la parte productiva siga en declive?

-El modelo como el que yo tengo, de agroturismo en casas de aldea, fue del que partió la figura del turismo rural en Asturias. Fuimos desde AMCA quienes sacamos a la luz este tipo de casas. Pero, como salió bien, ocurre que cuando la gente ve chollo, todo el mundo se engancha a ello, y quiere dinero pero trabajar lo menos posible, y eso es engañar al cliente. También tengo que reconocer que hay clientes que no quieren un modelo como el nuestro. Gente joven, que juntan un grupo muy grande y no quieren que estés tú en la casa, y además buscan pagar poco dinero. Pero luego hay otros que no sólo vienen a descansar y de vacaciones, vienen a conocer tu cultura.

-Que es la que le interesa...

-Sí. Tengo que decir que esa gente son mis clientes. Vienen y te mandan a otros y si lo haces bien es la mayor publicidad y de lo que más satisfecha te sientes. Además, aprendes mucho de ellos, hay cantidad de cosas de las que no te das cuenta y que para ellos son curiosas. En este aspecto los más curiosos son la gente de la franja mediterránea.

Hacer milagros

-La mayoría de las socias de AMCA son de las dos alas de Asturias, de Oriente y Occidente. ¿Qué le parecen los últimos proyectos del Principado que tienden a concentrar población en el centro?

-Yo entiendo a los políticos. Se vuelcan en la zona centro, que es donde hay más población y más votos. Pero toda esta extensión que hay en las alas, y sobre todo en la zona occidental, que es la menos poblada, con los recursos naturales que tiene, me pregunto cómo la piensan mantener y sufragar si no es sosteniendo la población. Me preocupa que hay muchos profesionales de la política. Esta gente se acomoda de tal forma que llegan a desconocer la zona rural, y lo basan todo en sentarse en un despacho cómodamente, y dictar leyes con técnicos. Y los técnicos a veces hacen las cosas bien, pero también se equivocan.

-De todos modos, el campo tiene mala imagen. ¿No cree que contribuyen a ello las propias organizaciones con su discurso negativo?

-Siempre hago esta reflexión: ¿por qué los sindicatos de la minería tuvieron tanta fuerza? Porque vas a una empresa y es muy fácil parar a 200 trabajadores y que salgan a la calle. Sin embargo, yo tuve experiencia ocho años como secretaria de organización de la Unión de Campesinos de Asturias (UCA) y puedo decir que no hay trabajo más desagradable que el del sindicalismo agrario, porque la gente piensa que tú tienes que hacer milagros en aquellos despachos, y ellos sólo tienen que pagar. Y como los políticos saben muy bien de qué pie cojea la gente del campo, no les tienen miedo.

-Parece que no está de acuerdo con la política agraria.

-Me pregunto por qué no hacemos en primer lugar una reordenación de Asturias. Empecemos por ahí. Y por emplear bien los fondos. Por favor, que no se cambien tantos adoquines y farolas con los fondos del desarrollo rural. El desarrollo pasa por otras cosas. Por ejemplo, en mi casa no tengo iluminación pública ni recogida de basura, que tengo que recoger todos los días. Tampoco hay autobuses. Afortunadamente hay un centro de día para los discapacitados, pero para los críos no hay nada, y las mujeres que trabajan tienen que solucionarlo con los abuelos. Por ejemplo, hay cantidad de escuelas abandonadas en el medio rural que si se pusiera en una planta un centro de día y en otra una guardería, sería una forma de dar puestos de trabajo y facilitar la vida en el campo. Hay todavía mucho que hacer. Soy consciente de que los servicios cuestan mucho, pero creo que no debe haber discriminación, que una gente cuente con tantos servicios y otra con tan pocos.

 
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