«La explosión fue tremenda. Impactante. Los cristales de las ventanas estuvieron a punto de romperse, mis gatos huyeron del salón despavoridos para esconderse debajo de la cama y Cristina, mi mujer, y yo nos despertamos de golpe, sobresaltados». Luis Roda, magistrado-juez de primera instancia y vecino de la zona de Fomento, recuerda como si fuera ayer aquella madrugada del 3 de noviembre de 1996, cuando la banda terrorista ETA le sacó literalmente de la cama con un artefacto explosivo compuesto por veinte kilos de amonal colocado en el Palacio de Justicia.
«La detonación se produjo a las seis de la mañana y provocó un ruido sordo de muchísimos decibelios, muy diferente al sonido de los barrenos de los yacimientos mineros o a una explosión de gas. Un sexto sentido me dijo, al instante, que se trataba de una bomba», comenta Luis Roda, mientras señala por la ventana la situación de la explosión. Los daños materiales de aquel atentado alcanzaron los 50 millones de las antiguas pesetas y retrasaron varios meses la inauguración de los juzgados gijoneses, que se encontraban en la última fase de construcción.
«No pasamos miedo, pero la explosión nos dejó una situación de incertidumbre. Sentimos inquietud, desasosiego...», recuerda Luis, que aquel día se asomó a la ventana, junto a su mujer, para buscar el humo de la detonación en el horizonte de la bahía gijonesa.
Aquel día, en Fomento «no se hablaba de otra cosa», recuerda la pareja, que estuvo conectada a las noticias de la radio durante toda la mañana. Pronto se dieron cuenta de que aquella explosión no había sido el único atentado de ETA en Asturias. Tres horas antes, los TEDAX habían desactivado un artefacto explosivo en la farmacia Palacio, del marido de Paz Fernández Felgueroso, en la calle de Manuel Llaneza, donde los terroristas intentaron sembrar el caos, pero tan sólo consiguieron una mínima explosión.
De todos modos, Roda considera que «la mayor herida» del terrorismo en Asturias fue el atentado contra la delegación de Hacienda, en Gijón, en el que murieron dos guardias civiles -Isaac Rodrigo y José María Sánchez- en 1989. «Los mataron como conejos. Los acribillaron a tiros sin que tuvieran opciones a defenderse», recuerda Cristina, con gesto triste.
Alcaldesa
«Siempre es una buena noticia la detención de criminales». En sus carnes padeció la actual alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, el ataque de los terroristas detenidos ayer en Hendaya. Una bomba, que no llegó a explosionar, fue colocada en la puerta de la farmacia que regentaba el difunto esposo de Fernández Felgueroso.
«Todavía hoy me produce escalofríos pensar en el daño personal que pudo producirse si no hubiera fallado el mecanismo de ignición de la bomba», afirma la regidora gijonesa. La desgracia pudo haber sido aún mayor, según recuerda Fernández Felgueroso, porque en el piso que está situado justo encima del negocio familiar «había niños». Sin olvidar, señala, el hecho de que la calle de Manuel Llaneza «sea una de las calles más transitadas de Gijón». Por ese motivo, considera que «fue una suerte tremenda que no explotara».
Esta era la segunda vez que la farmacia de la familia de Felgueroso sufría un ataque. Años antes, un grupo de extrema derecha había puesto una bomba, que tampoco produjo daños personales.