LA democracia es como el amor. Es tan fácil decir «soy demócrata» como decir «te quiero». El problema viene luego, cuando no hay que parecer, sino que hay que ser, cuando el demócrata sale con el aguilucho a la plaza de Colón y el enamorado le rebana el pescuezo a su costilla porque se ha enamorado de otro. Y es que la grandeza de la democracia reside en su generosidad. Es un sistema tan extraordinario que alberga dentro de sí incluso a los que no creen en ella. Garantiza un trato justo a los ex presidentes que nos conducen a guerras económicas, a los terroristas que matan a nuestros padres y a los psicópatas que violan a nuestras hijas.
Personalmente, a De Juana Chaos le deseo una vida larga y consciente, y si es posible que alguna noche, allá en su añorada Euskal Herria, entre bocado de chistorra y bocado de chistorra, le asalte el monstruo de la conciencia, el mismo que no dejaba dormir al hijodeputa de Ricardo III. También le deseo largas noches de psicoanálisis a Acebes en su dacha de Ávila, mientras repasa sus declaraciones públicas como ministro de Interior «cuando España era respetada», y a Trashorras en su celda de alta seguridad, mientras se pudre en el silencio de una habitación en la que no hay tabletas de hachís ni fulanas del Horóscopo. Por eso me pareció un error que ahorcaran a Sadam. Le hurtaron la posibilidad de discutir a solas, con sus propios terrores, durante largos, oscuros e intensos días.
Hoy hace tres años que el reloj se detuvo para buena parte de los españoles. La Tierra ha girado desde entonces más de mil veces sobre su propio eje, pero muchos no se han enterado. Es cierto que han seguido comiendo, bebiendo, durmiendo, trabajando y -supongo- follando. Habrán tenido hijos, se habrán hipotecado y habrán acudido al fútbol, al teatro, a la iglesia, al hospital y al cementerio. Pero en sus relojes hay una brecha de tres años que se obstinan en ignorar. Su calendario mental se paró mientras el calendario de la Historia seguía avanzando. El problema es que nos están jodiendo la vida, dicho en romano paladín. Y un día, en una de esas calles que ahora reclaman como suyas, nos vamos a encontrar a un tío con una pistola y va a haber jaleo. Al tiempo.