El buen trato garantizado por ley tiene domicilio en Gijón. Se ubica en un edificio singular, situado en la confluencia de las calles Les Cigarreres y Sor Juana Inés de la Cruz, con un color que le da nombre: la Casa Malva. Se trata del primer Centro de Atención Integral a Mujeres Víctimas de la Violencia de Género que se abre en el país (Valencia está preparando el segundo) y que será inaugurado, tal y como ya adelantó EL COMERCIO, el próximo día 25, en un acto que encabezará la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. Tras el corte de la cinta habrá que esperar hasta julio para que las primeras víctimas residan en el que será su nuevo hogar.
La encargada de recordarlo ayer fue la consejera de la Presidencia, María José Ramos, quien, junto a la directora del Instituto Asturiano de la Mujer, Begoña Fernández, realizó la presentación oficiosa del centro en la antesala de las múltiples citas que se esperan, ya que el Principado ha organizado una semana de puertas abiertas, del 26 de marzo al 1 de abril, en horario de 11 a 18 horas, para que todas las personas que lo deseen puedan conocer de primera mano las instalaciones.
Y es que ésta, su apertura al público, es la otra de las singularidades del centro, «ya que, hasta ahora, todas las casas de acogida eran un lugar anónimo, para evitar que las víctimas fueran perseguidas por sus agresores», explicó la consejera. El edificio tendrá vigilancia durante 24 horas, así como por un circuito interior y exterior de cámaras, pero que no suponen la panacea «porque queremos que las mujeres entren y salgan con normalidad. Será necesario que funcione la red social». Ramos aseguró que tiene el compromiso de la Federación Gijonesa de Asociaciones de Vecinos, así como de las agrupaciones de mujeres de la ciudad, «de que arroparán a las mujeres».
18 meses como máximo
La otra diferencia de este centro con el resto de las casas de acogida del país -de las que Asturias cuenta con cuatro, así como nueve pisos tutelados- es que ofrece una atención integral. Es decir, el complejo, formado por tres edificios, cuenta con despachos para abogadas, psicólogas, trabajadoras sociales y agentes de empleo que ofrecerán a las víctimas la información necesaria para iniciar una nueva vida.
Esos servicios, que generarán 30 empleos, están ubicados en el área denominada de emergencia, dotada con diez pisos, que son el paso previo para ingresar en el centro. Una vez que las mujeres y sus hijos han superado, explicó Ramos, «el periodo más grave, el de asumir lo que les está pasando y recuperarse de las heridas físicas y mentales», ya pasan a ocupar a la zona de larga estancia, formada por 20 pisos. Los niños estarán escolarizados en el barrio y tendrán atención psicológica específica, así como ludoteca y parque infantil.
El paso final son las 12 viviendas tuteladas, el principio del fin de la estancia en la Casa Malva. El plazo máximo para ocuparlas son «18 meses», porque, recordó Ramos, «como dice el poema de Berta Piñán, esta es una casa ligera, mudable y pasajera». El futuro está después del malva.
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