José Luis Rodríguez Zapatero tomó la decisión de trasladar a San Sebastián a José Ignacio de Juana Chaos «por responsabilidad» y para «garantizar la seguridad de todos». El jefe del Ejecutivo defendió con este argumento la medida penitenciara que acabó con la huelga de hambre del preso de ETA durante su último encontronazo con Mariano Rajoy en el Congreso. El paso está dado y no hay marcha atrás. «Este Gobierno -avisó- no acepta el chantaje de nadie ni tampoco se achanta ante el montaje de mentiras del PP».
Zapatero reiteró así en sede parlamentaria lo que ya adelantó el viernes desde Bruselas: que la multitudinaria marcha celebrada este sábado en Madrid, a instancias del primer partido de la oposición, no cambiará su política antiterrorista. El Ejecutivo cree que muchas de sus dificultades para sacar adelante el 'proceso de paz' surgen por la actitud del PP. Ahora en La Moncloa advierten que no se doblegarán a más presiones. «El Gobierno debería contar con el apoyo de todos los grupos políticos y lamenta profundamente que desde el inicio de la legislatura no ha tenido nunca, ni un solo día, ni en una sola decisión, el de su partido», reprochó el presidente a Rajoy.
El resto, el de las demás formaciones, quedó explicitado previamente durante la comparecencia del ministro del Interior en la Cámara Baja. Y Zapatero lo agradeció. Sin embargo, se negó a escenificar la ruptura total con los populares. El coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, se lo había puesto en bandeja. Pidió al jefe del Ejecutivo que se pronunciara sobre la propuesta de nuevo pacto antiterrorista que él mismo presentó hace una semana, y en la que abogaba por«flexibilizar» la política penitenciaria y la ley de partidos. Pero el jefe del Ejecutivo optó por la cautela.
Frente al reclamo de que «lidere» un nuevo acuerdo con todas las formaciones para poner fin al «ruido y la furia», dio un paso atrás. Elogió actitudes como la del portavoz de IU porque son útiles y responsables. Dijo también que la iniciativa «tiene valor» y que el Gobierno «va a estar trabajando construyendo y colaborando» porque «no hay nada que merezca más la pena que contribuir con decencia en poner cada uno lo que podamos en pro de alcanzar la paz y lograr el fin del terrorismo». Pero ni de lejos retomó la propuesta de un gran pacto antiterrorista (sustituto del suscrito con el PP) que él mismo formuló en enero, tras el atentado de Barajas.
Eludió así alimentar uno de los argumentos que, minutos después, le lanzaría Rajoy: que sólo tiene dos asuntos en su agenda política y uno de ellos es «la descalificación del primer partido de la oposición». El otro, según el líder del PP, es «el 'proceso de paz' que le tiene sometido al chantaje de ETA», el mismo que le llevó, dijo, a «romper» el pacto antiterrorista y a despreciar el apoyo del PP tras el alto el fuego.
«Dispuestos a todo»
El debate siguió por los mismos derroteros en las preguntas a la vicepresidenta. María Teresa Fernández de la Vega reprochó a Ángel Acebes que el PP esté dispuesto a «todo para lograr el poder, aunque sea devastando los cimientos de la convivencia». Con estas palabras eludió el fondo de la pregunta del diputado sobre si De Juana, cuando se restablezca, irá a la cárcel o a casa. Fernández de la Vega se limitó a señalar que se tomará una decisión con «control judicial» y «de acuerdo a la ley». Acebes dio por hecho que no volverá a prisión y tachó de «aberración» la tesis de que la solución tomada con el reo es «el mal menor» porque así van a dar a los terroristas «todo lo que pidan para que no maten».
La vicepresidenta también se batió a propósito de De Juana con Eduardo Zaplana y censuró al portavoz que el PP haya decidido «convertir la lucha antiterrorista en el trampolín para alcanzar el poder, sólo que hay trampolines que llevan a piscinas vacías». Zaplana, que defendía el cumplimiento íntegro de las penas, rechazó que los gobiernos de Aznar fueran permisivos con los presos, como sostuvo De la Vega, y acusó a los socialistas de «tramposos» por querer enturbiar «la gestión más limpia» que ha existido en la lucha antiterrorista.
El ministro del Interior cerró el duelo. Alfredo Pérez Rubalcaba afeó al diputado Alejando Ballestero que hiciera «chistes malos» sobre la situación del preso porque es una cosa «seria». El parlamentario había dicho que «por mucho que el terrorista fuera de Bilbao, tras 115 días de huelga de hambre hubiera muerto». El ministro señaló que no tenía conocimiento de que De Juana fuera a dejar su ayuno y que sólo sabía que aceptaba el nuevo régimen penitenciario. Además, recriminó también a los populares que estén empeñados en llegar «al poder de la mano de ETA» y que crean que la oportunidad surgida con De Juana sea un «ahora o nunca».