Viernes, 16 de marzo de 2007
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GIJÓN

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A la luz de la gaita
Pepín Blanco, nombrado gaitero mayor de Gijón en 1963, cumple mañana 90 años. Su vida ha estado dedicada al folclore asturiano
A la luz de la gaita
LAUREADO. El gaitero mayor de Gijón posa en su domicilio con algunos de los galardones logrados en su larga carrera. / BILBAO
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«A veces me da la tristeza; veo a las chavalitas tocando la gaita y me vienen recuerdos de mi infancia». Pepe Blanco (Aveno, San Martín de Vega de Poja, Siero, 1917) fue el primero de once hermanos, «el mayoral» dice él. En su vida, desde niño, siempre estuvo presente la gaita. «A mi padre le llamaban Pepe de la Luz y por eso a mí me llamaron Pepín. Lo de la Luz era porque él trabajaba en la Compañía Popular de Gas y Electricidad, lo que luego fue Hidroeléctrica». Cuando era niño, Pepín cogía a escondidas la gaita iluminada de su padre, ensayaba cuando nadie le oía y, poco a poco, aprendía a hacer música con sus manos.

Lo malo es que su padre siempre le pillaba, porque no dejaba el instrumento colocado como lo había encontrado. «Él me decía, 'Neñu, ya la cogiste otra vez' y yo no podía mentirle. Pero un día, mi abuelo me compró una para mí». Pepín tenía 10 años y desde los 7 tocaba el tambor. Mañana cumple 90 y, en cierto modo, ha regresado a sus orígenes, a los 7 años. Ahora es otra vez tamboritero, porque «el corazón no deja hacer esfuerzos y soplar».

Pero eso no borra el título de gaitero mayor de Gijón concedido en 1963 ni le quita el privilegio de ser el decano de los gaiteros asturianos. Pepe es «de los de antes», de los que no se podían ganar la vida con la música. «Yo nunca pensé vivir de esto. En Hidroeléctrica se portaron muy bien conmigo, porque podía combinar la música y el trabajo, pero no podía pensar en tocar sólo la gaita, aunque entonces escaseaban los gaiteros, no como ahora», explica.

Fiestas suspendidas

Recuerda que, en más de una ocasión, tuvo que suspenderse la fiesta de algún pueblo porque no había gaitero disponible para tocar en ella. «Ahora hay muchos gaiteros muy buenos y muy malos...», suelta con sorna el veterano mientras analiza cómo han cambiado los tiempos en el mundo del folclore regional, al que ha dedicado 83 años de su vida. Cree que ahora la música se mueve más por modas: «En vez de poner el tambor ladeado, lo ponen llano, no sé por qué».

Él procura que su arte no se pierda, por eso cada martes y jueves acude al Colegio Manuel Menéndez Pidal para dar clases a un grupo de 25 alumnas. Entonces es cuando le entra la morriña del instrumento que le hizo famoso.

Remís Ovalle

Ocurrió en 1963, con Remís Ovalle como presidente del jurado. El entonces gaitero mayor de Asturias vio algo en Pepín de la Luz y, junto al resto de los miembros del jurado, decidió que merecía ser el gaitero mayor de la ciudad. «Me dieron 2.500 pesetas de premio, en el teatro Hernán Cortés», relata Pepín. Fue su época dorada. Viajes y más viajes, muchas fiestas en el campo... «Un día, en una romería, se me acercó un señor, que quería comprarme la gaita. A mí me había costado 40 duros, y no la quería vender, así que le pedí mucho, 100.000 pesetas, una barbaridad. Pedí fuerte para que no se la llevara, pero por la tarde volvió y me dijo que era mía hasta el oscurecer, que luego se la llevaba. Esa gaita marchó para Toledo».

Mientras Pepín habla, su mujer Soledad Peón escucha, completa algunas frases y rescata también recuerdos. «Llevo 67 años casado con ella». «Dirás aguantándola», replica Soledad. Hace medio siglo, cuando él empezó a trabajar en 'la luz', dejaron Siero para vivir en Gijón, una ciudad muy distinta. «Ahora, escuchas gaitas en todas partes, pero antes no se tocaba más que en la procesión de Begoña y en la de la Soledad», recuerda el gaitero mayor de la ciudad.

 
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