«Tengo miedo al avión, pero llevo 7.000 horas de vuelo». No tenía Pepín de la Luz vocación de trotamundos, pero ha estado en México, San Agustín de Florida, Río de Janeiro, Checoslovaquia, El Cairo, Suecia, Rusia... La lista es interminable, pero las anécdotas más entrañables son las relacionadas con los países que acogieron a inmigrantes asturianos.
Cuenta el gaitero que en San Juan de Puerto Rico hizo grandes amigos. «Fui allí a dar clases, en 1986. Llegué con una maleta y me volví a casa con cuatro, todas llenas de regalos, y 500.000 pesetas de las de entonces». Hizo las américas, a su modo, como profesor de gaita y gaitero invitado a centros asturianos.
El primero que visitó en el continente americano fue el de México, con la Sección Femenina, en 1963, tras ser nombrado gaitero mayor. Pero su dedicación al folclore asturiano no se desarrolló sólo en el extranjero: durante años, fue probador del Museo Internacional de la Gaita, una aventura a la que le animaron sus amigos Daniel Palacios y Faustino Menéndez, el constructor de los instrumentos.
De su empeño nació también la actual Asociación de Coros y Danzas Jovellanos -que dirigen su hija Maribel y su marido, Roberto-, y la banda de gaitas de la misma. «Hay muchos gaiteros, pero es difícil encontrar buenos gaiteros para un grupo», sostiene Pepín. A él le gusta, sobre todo, el pericote. «Nunca bailé, pero sabía quién bailaba bien y quién lo hacía mal».