Las estrellas de Hollywood jamás abren la boca si no están de promoción. Menos Susan Sarandon, Tim Robbins y Sean Penn, los únicos actores a los que se le puede pedir un autógrafo en una manifestación. La actriz, de 60 increíbles años, demostró ayer su clase e inteligencia en el Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, donde recogió el premio de honor. Agradeció que los periodistas sólo hiciesen preguntas políticas. «En mi país siempre me hacen las mismas cinco preguntas sobre la película. Tengo que venir a Europa a saber por ustedes cómo contemplan a Estados Unidos en el resto del mundo».
Si su marido Tim Robbins reventó el Festival de Cine Solidario de Madrid al denunciar que se sintió utilizado por Gallardón, Sarandon también dejó de piedra a los periodistas cuando se le preguntó por su próximo rodaje en Asturias: 'Tres mujeres', de Javier Elorrieta, junto a Catherine Deneuve y Annie Girardot: «No tengo ni idea. ¿Qué es eso? Nadie ha hablado conmigo». Y eso a pesar de que la productora, María Elena Sánchez, de Evan's Consulting Enterprice, presentó el proyecto a bombo y platillo en la Consejería de Cultura. Lo hizo de la mano de su máxima responsable, Ana Rosa Migoya, que, además, firmó un convenio de coproducción para aportar 300.000 euros, un dinero que el Gobierno regional asegura no haber entregado y que no entregará «a menos que se cumplan las condiciones pactadas». El Ayuntamiento de Oviedo iba a hacer lo propio, pero se retiró del proyecto. La actriz, ajena a tanto tejemaneje, se lo toma con humor: «Me encantaría trabajar en España. Y repetir con Catherine Deneuve: con ella tuve mi primera escena de amor en 'El ansia'».
Ocurría a comienzos de los ochenta, cuando la carrera de Susan Abigail Tomalin explotaba la sensualidad de una ex modelo de la agencia Ford demasiado voluptuosa para la pasarela. Debutó con Billy Wilder en 'Primera plana', demostró su vis cómica en 'The Rocky Horror Picture Show' y obtuvo la primera de sus cinco nominaciones al Oscar en 1980 con 'Atlantic City', de Louis Malle. La popularidad y el aura de rebeldía vendrían con 'Thelma y Louise'; la estatuilla, en 1996 por 'Pena de muerte'. Lleva casi veinte años con Tim Robbins, padre de dos de sus tres hijos.
Qué ironía que la primera actriz en recibir un Oscar por hacer de monja sea en realidad una feroz activista, a la que incluso satirizan los creadores de 'South Park'. En 1993, aprovechó que entregaba un Oscar para denunciar Guantánamo. Su voz contra la invasión de Irak y a favor del regreso de las tropas le ha acarreado amenazas de muerte y el veto de los estudios. «Ojalá me utilizaran políticamente», admite. «Yo no tengo poder, sólo puedo aprovechar que mi voz llega a la gente para arrojar un poquito de luz».
«Ser una artista no implica renunciar a mis responsabilidades como ciudadana. Y digo artista con modestia, porque creo que nuestro trabajo es cuestionar el orden establecido. No me encuentro cómoda en manifestaciones o hablando en público, creo que es mejor que las preguntas se planteen a través del arte. Mis películas favoritas son aquellas que fomentan que la persona sea dueña de su propia vida. Vamos, que prefiero 'Pena de muerte' a dar un mitin. Pero si nadie protesta, los demócratas sólo están preocupados en mantener sus cargos y la prensa no se hace preguntas».
Cuando no te pagan
Al contrario que otras estrellas concienciadas, Susan Sarandon evita discursos simplones. Recuerda que el cine independiente americano no recibe ni un dólar subvencionado, para que luego nos quejemos de invasiones en Europa. Después están las divisiones 'indies' de los estudios. «Yo lo llamo 'cine boutique': son pelis comerciales, pero no te pagan.
La actriz asume el pragmatismo de Hollywood, capaz de «boicotear» proyectos y, al año siguiente, darle el Oscar a Tim Robbins y Sean Penn. «La buena y la mala noticia es que Hollywood no es político, sólo pretende amasar dinero». Sarandon no sólo conoce sino que envidia los Goya, «donde puedes salir con un lazo y expresar tus opiniones sin que pase nada. En Estados Unidos, tras la guerra de Irak hay miedo a expresar sus opiniones, y la peor censura es la autocensura. En mi país, llevar un pin acarrea consecuencias».
Con todo, lo peor no han sido las escuchas telefónicas, detenciones y listas negras. O que la bauticen 'amiguita de Bin Laden'. «Lo peor es cuando hablas y te encuentras con el silencio, cuando nadie te secunda». En una hora de charla, Sarandon sólo nombró en una ocasión a su «amigo» Bush, a quien exculpó «porque Laura le protege demasiado, no le da ninguna mala noticia y el pobre no sabe qué pasa en el mundo». Ella le pondría pronto al día. «Le diría que fuera a Guantánamo, a ver a gente encerrada sin cargos. Y a decirle a las familias de los soldados en Irak que su hijo ha muerto».