Sábado, 17 de marzo de 2007
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La Abamia que nunca se hizo
La colocación de bóvedas doradas y la eliminación de la carretera actual eran algunos pilares de la obra del templo cangués que no llegaron a ejecutarse
La Abamia que nunca se hizo
PARALIZADOS. El estado de la iglesia románica de Abamia después de que la adjudicataria demorara la rehabilitación. / D. E.
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Si la rehabilitación de la iglesia de Santa Eulalia de Abamia (Corao) se hubiera hecho cumpliendo con las condiciones del proyecto y los plazos establecidos, la obra del monumento románico estaría ya casi terminada y éste luciría un aspecto muy distinto al estado de deterioro que aún presenta. Entre las intervenciones previstas, el proyecto contemplaba como una de las actuaciones estrella la colocación de bóvedas de acero inoxidable dorado que irían suspendidas sobre el hormigón actual.

Además, el propósito era acometer la recuperación espacial en el interior y exterior del templo no sólo haciendo que la iglesia volviera a tener el acceso primitivo de la cara Norte, sino eliminando la parte de la carretera que existe en la actualidad y poniendo en su lugar una pradera transitable.

El tercer pilar de la obra consistía en recuperar también los estucos originales de todos los elementos pétreos del exterior del monumento, que, tal y como figuraba en el estudio que había realizado el restaurador Jesús Puras, debían ser de color ocre-amarillo. Sin embargo, la consejera de Cultura, Ana Rosa Migoya, reconoció esta misma semana que la empresa adjudicataria de la obra, MC Conservación y Restauración, que comenzó el pasado mes de septiembre los trabajos, había cometido varios «errores» en la rehabilitación, probablemente por falta de organización y de personal cualificado. De hecho, la empresa apenas llegó a facturar el 15% del total de la rehabilitación.

Entre los principales problemas que tendrá que restituir la empresa, Jesús Puras explicó que los morteros que se aplicaron en el exterior, como había denunciado la Asociación Cultural Abamia, estaban «mal aplicados» porque no cumplían «ni con las características estéticas ni de textura». «Decían que las dosificaciones que requería el proyecto, que eran muy sencillas, estaban mal hechas y que no podían hacer esa mezcla», afirmó el restaurador, quien recordó que los estucos similares a los que debían aplicarse en Abamia «funcionaron perfectamente» en iglesias como Santa María de Llás (Arenas de Cabrales) y que así se lo hizo saber él mismo a la Consejería de Cultura a través de una carta.

Además, los operarios no debieron tampoco de «tapar con una lona o un plástico las pinturas murales» del monumento mientras llevaban a cabo los trabajos de consolidación de la cubierta, lo que hizo que éstas se mojaran con el consiguiente riesgo. Según fuentes consultadas por EL COMERCIO, la empresa había tratado, al parecer, de convencer al arquitecto para que realizase un modificado de proyecto, petición que le fue denegada por la dirección de la obra.

Nuevo plazo

La adjudicataria empezó esta semana a corregir las intervenciones mal hechas y deberá fijar estos días un nuevo plazo y ofrecer un presupuesto para finalizar la obra. Algunas de las intervenciones inacabadas fueron la consolidación de la cubierta, la colocación de los nuevos revocos, la mejora del entorno y la recuperación de la ruina de los pórticos.

Asimismo, quedan pendientes labores como el citado revestimiento de las bóvedas, el estucado interior siguiendo las estratigrafías medievales y mejoras en el arco triunfal, carpinterías de puertas y ventanas, el altar y el pavimento de la nave, entre otras. Según figura en el cartel que se colocó junto a las obras de Abamia, el plazo de ejecución de las mismas era de seis meses y medio y el presupuesto, de 394.070 euros.

 
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