Sábado, 17 de marzo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

ROBERTO VERINO, DISEÑADOR Y VITICULTOR
«El vino, como la moda, es para disfrutar y seducir»
El gallego lleva ocho años embarcado en su aventura de bodeguero con 'Terra do Gargalo', que produce en 12 hectáreas de viñedo
«El vino, como  la moda, es para disfrutar y seducir»
MONTERREI. Roberto Verino, en sus viñedos. / E. C.
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Primero fue la moda y ahora el vino, dos amores compatibles y dispuestos a seducir, con muchas cosas en común: elegancia, textura, color... Ocho años lleva Roberto Verino tomándole medidas al vino desde su bodega 'Terra do Gargalo', en la D.O. Monterrei. Son 20 hectáreas de viñedo, aunque sólo ha plantado 12. Ha recuperado unos terrenos olvidados durante décadas de la mano del dios Baco y en ellos cobran vida las variedades autóctonas con las que se hizo el vino que Colón llevó en su tercer viaje a América. Tal vez por morriña, por sentimentalismo o porque tiene muy buen ojo, Roberto Verino tuvo hace 20 años la idea de recuperar en su pueblo (Verín) unos terrenos para hacer vino, en la ladera del castillo, que en su día pertenecieron al Conde de Monterrei (Virrey de México y Perú y), un curioso viticultor que presumía hace cinco siglos de hacer el mejor vino del mundo que él conocía. Verino, por ese amor tremendo que tiene a su tierra quiso devolver al lugar el resplandor que tuvo.

-¿Por qué se hizo viticultor?

-Pensé que era el momento de rescatar esa capacidad de emocionar a través del vino, y lo que en un principio nació como un hobby, para hacer una pequeña bodeguita al estilo de los 'châteaux' franceses, se convirtió en algo más importante.

-El vino es un proyecto mucho más personal que la moda, que heredó de la familia.

-En la moda sí tenía antecedentes familiares, en el vino no. Pero mi entorno familiar siempre ha estado muy vinculado a todos mis proyectos. Sigue así, de hecho he responsabilizado de la bodega a un hermano cuyo trabajo hace que, de alguna manera, yo lo disfrute y no lo sufra.

-Pero no es lo mismo vivir en la bodega que ir de visita...

-Yo lo sueño y lo disfruto, pero las partes más negativas le tocan a mi hermano. Me encanta la cultura del vino, pero también me ha entusiasmado recuperar estas tierras. Fue una de las razones de esta bodega. Era y sigue siendo un reto, porque en el fondo estoy todavía dando los primeros pasos.

-¿Qué sintió con el primer sorbo de su 'Terra do Gargalo'?

-Una enorme emoción y un gran orgullo, el que se siente cuando llegas al final de un sueño y ves que empieza a ser realidad.

-¿El vino ha sido entonces su sueño?

-Yo soy un soñador romántico y en mi cabeza sigue habiendo proyectos, algunos imaginables; otros, no tanto, pero siempre estoy deseando crear cosas.

-¿Y en el vino ya ha conseguido hacer un traje a la medida o sigue haciendo pruebas?

-Al vino todavía me toca seguir tomándole medidas, porque me gustaría llegar a ser un sastre de primera. En mi vino está todo por hacer.

-¿Hubiera hecho la bodega en un lugar fuera de su tierra?

-Seguramente no. No sería lo mismo. Hacer vino por hacer vino no se me hubiese ocurrido. Han sido toda unas serie de circunstancias coincidentes las que me han dado esta oportunidad.

-Ha sido precursor en Galicia de ciertas técnicas, ¿en qué modelos se ha fijado?

-Siempre he querido hacer el mejor vino posible con las condiciones dadas, porque si no puedo cambiar cosas establecidas por el Consejo Regulador, sí puedo aportar unos 'coupages' que en otras zonas han sido la razón de ser. Tengo que hacer posible todo lo que esté a mi alcance para mejorar el vino, aunque antes no se hubiera hecho en Galicia. Lo que he conseguido es generar una ilusión y un entusiasmo que antes no había.

-¿No le tildaron de loco por introducir ciertas técnicas?

-De loco no, pero no me dieron ninguna facilidad, incluso en el Consejo Regulador se opusieron a que se utilizaran. Hacerles ver que no era un capricho, ha sido un trabajo arduo. Intento hacer vinos particulares, que aporten sensaciones nuevas y capaces de emocionar.

-¿Que supone esta aventura?

-Una filosofía: la de ser lo más respetuoso posible con las condiciones de la viticultura y la enología, sin olvidar el respeto al medio ambiente.

-¿Qué quiere ofrecer con su vino?

-Además del placer de disfrutarlo, la singularidad del entorno, de las variedades y de una manera especial de hacer vino, con una máxima: seducir a través de la diferenciación.

-¿Se pueden tener dos amores a la vez (la moda y el vino) y no estar loco?

-Sí, son amores muy compatibles y son objetivos claros. En la moda y en el vino coinciden muchos sentidos y muchos términos: colores, texturas y olores. Entre hacer perfumes y disfrutar de los aromas de un vino hay muy pocas diferencias. El vino y la moda son amores compatibles porque los dos intentan lo mismo: disfrutar y seducir.

-¿De dónde le viene la afición?

- De beberlo. De disfrutarlo. En Galicia hay cultura del vino y el placer de disfrutarlo me viene de joven. Mi vino ideal es el que consigue emocionar a quien lo bebe.

-¿Le tienta la idea de hacer un vino especial?

-Lo estoy haciendo. Es algo muy especial, con cepas centenarias, vendimiadas con el máximo rigor de maduración, seleccionados cada racimo, con un procedimiento de maduración muy cuidado, despalillado a mano... Sólo haré 2.500 botellas. Será la alta costura de la casa y estará en pasarela entre mayo y junio.

-Con su nombre, el marketing lo tiene medio hecho.

-En este mundo hay que trabajar mucho el mercado. He querido que el vino se conociera por sí mismo. Me pueden admirar como diseñador de moda, pero cuando me incorporo al desarrollo del mundo del vino me examinan con otro rigor, incluso pueden creer que soy un oportunista.

 
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