Patricia Urquiola, asturiana de Milán, arquitecta y diseñadora sin límites geográficos -su obra ha dado la vuelta al mundo- fue presentada ayer como el primer genio asturiano descorchado al otro lado de nuestras fronteras que el Laboral Centro de Arte devuelve a casa. «Con ella cumplimos uno de nuestros principales retos, proyectar a los creadores asturianos y atraer aquellos que hayan triunfado fuera», coincidieron en decir la consejera de Cultura, Ana Rosa Migoya, y la directora del Laboral, Rosina Gómez-Baeza. Y lo decían, precisamente, entre los diseños de Urquiola que fueron presentados ayer y que ella misma observaba por primera vez en el lugar para el que fueron pensados, un lugar que describe «como una casa de proporciones oníricas».
Las intervenciones de la creadora asturiana en el espacio que mañana inaugura la ministra de cultura son varias, pero los que ya se pueden ver y tocar ocupan los ámbitos que saludan al visitante.
«Un salón de sueños»
A su mano pertenece el mobiliario del vestíbulo que ella quiere transformar «en un salón de sueños, un filtro domesticado, entre los externo y lo interno». Un lugar, explica, «para entrar de modo suave y tranquilo o permitir una última reflexión antes de salir» del centro de arte. Varios sofás, sillones, lámparas, un sistema de móviles de los que colgarán publicaciones especializadas para consulta y descanso del visitante y un mostrador de recepción «ligero», creado en «blanco sobre blanco», cierran el primer envite de la diseñadora, que ella misma define «como una tierra intermedia entre el espacio expositivo y el paisaje».
Superada la primera fase, «el primer filtro», en palabras de Urquiola, hay un segundo espacio con su nombre. Se halla tras descender las también blancas escalinatas. A sus pies espera un gran sofá (lounge) de líneas rectas, un clásico en los diseños de la asturiana, que ayer estrenaban los asistentes a la presentación, haciendola feliz, pues lo que más le preocupa es, dice, «que los objetos que diseño den ganas de ser usados. Si eso pasa es que funcionan». Hace pareja este gran banco, en paralelo, con la tienda (el LAB-shop), también creada por ella, para la venta de objetos de edición limitada. En sus modernos estantes, además de libros de arte que se podrán consultar sentados cómodamente en varios puff, se ofrecerá una selección de 15 piezas únicas realizadas por artistas locales, nacionales e internacionales. Maite Centol, por ejemplo, trabaja ya diseñando gomas; Blanca Nieto, tazas; Natalia Pastor, postales; Avelino Sala, un árbol escurrebotellas, y Liam Gillick, una regla. La propia Patricia Urquiola está diseñando un muñeco, que será su «objeto afectivo» para el lugar.
Y entre los contenidos que definen el futuro del Centro de Arte, un par de miradas al pasado. La tienda recupera como mostrador una de las viejas mesas de los antiguos talleres, restaurada para la causa, y estampa en su pared frontal la imagen en blanco y negro de sus trabajadores.
Se remontará también a los orígenes del Laboral la ropa del personal del centro de arte. Un mono de trabajador de los de toda la vida, «mantendrá el viejo espíritu» con un añadido de color para marcar la pauta del presente. Blanco, por ejemplo, para el equipo de limpieza; azul, para los guías, recepcionistas y personal destinado al centro de arte, y rojo para los empleados del restaurante y la cafetería (el futuro LAB café).
En el mismo nivel de la tienda está el guardarropa, casi fundido con la zona de aseos por un gran cristal opaco. Todo de la diseñadora asturiana, que define el gran armario colectivo y «cinético» también como «un espacio expositivo» por lo que tiene de «muestra dinámica de los abrigos de los visitantes».
Engendrado a modo de las modernas tiendas de Nueva York, pero con el espíritu de las viejas fábricas que está en todo el discurso de Urquiola, el guardarropa, como el resto de las creaciones de la diseñadora, se funde con el edificio con la intención de mantener «su poética del vacío», un vacío, que define «temporal, espacial, arquitectónico», incluso «dialéctico».
Intentar que ese vacío perviva, «listo para absorber toda la energía», ha sido el reto de esta asturiana que vive en Italia y reclaman de todo el mundo.
Su intervención en Laboral Centro de Arte, su domesticación del espacio, como ella dice, tiene un segundo objetivo, hacer del edificio de recepción un lugar al que puedan llegar las manifestaciones de los artistas, desbordando las salas. Por eso su obra se funde con la limpieza del espacio.