Sábado, 31 de marzo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

PATRICIA URQUIOLA ARQUITECTA Y DISEÑADORA GRÁFICA
«Para crear lo importante es la digestión, no la inspiración»
El éxito de un diseño es «que sirva para acompañarnos a vivir y contar su época», dice la asturiana, considerada una de las creadoras industriales más importantes del mundo
«Para crear lo importante es la digestión, no  la inspiración»
ASTURIAS. Patricia posa sobre el piano, en el salón de la casa de sus padres, en Meres. / PALOMA UCHA
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Es como un ciclón, habla sin parar, vertiendo cien mil ideas por minuto. Se la conoce en Italia, donde aprendió de los mejores diseñadores del mundo el lenguaje que ahora habla con genio propio, como 'Huracán Urquiola'. Sus elegantes trabajos, «sensuales», dice ella, «serenos», dicen todos, con tanto afán por ser útiles como por responder la respuesta de su tiempo, la han envuelto en aplausos. El MOMA de Nueva York le rinde tributo y los Príncipes de Noruega decoran el salón con sus muebles. Es una estrella, es asturiana y ahora su sello también está en casa, en Laboral Centro de Arte.

-Debe ser un poco complicado invitarla a casa, ¿le cuesta dejar su sentido crítico fuera o no puede evitar inspeccionarlo todo?

-Tengo una actitud muy discreta en ese sentido. En casa de un amigo soy neutrísima, me pongo rápidamente un velo de opinión, como un ejercicio que considero realmente bueno y necesario. Me he educado en ese sentido y no hay problema.

-¿Cuándo entra con el escáner activado?

-Cuando la intención es profesional me convierto en una neurótica, obsesiva. Entonces, sí, el escáner funciona rápidamente, en un minuto está todo analizado.

-¿Cómo es su lugar favorito?

-Es campestre. En pleno prao, con una manta, una tela, un pareo en el suelo y comida. Comida no demasiado complicada y una buena conversación.

-Siempre habla de domesticar los lugares. ¿Le tienta la naturaleza?

-Que va, no la tocaría nunca. Es perfecta.

-¿Cómo es su casa ideal?

-No tengo casa ideal. Por definición lo ideal deja de serlo cuando se consigue. Me interesa más la fantasía que la idealización. Soy de esos creativos muy crédulos, que ponen toda la sinceridad en lo que están defendiendo. Pienso como Buñuel que el método es la duda y dudar es maravilloso, para mí todo es una cuestión, una pregunta.

-Le pregunto entonces por su casa real. ¿Está llena de sus diseños?

-Sí, claro. Cuando conocí a Madalena de Padova y vi que su casa estaba repleta de sus obras yo era muy joven y no entendí aquello que me parecía casi un altar a su trabajo. Hasta que me di cuenta de que aquellas presencias eran una prueba para ella. Al usar sus diseños los sometía a examen y eso es también lo que yo hago. Además, sería un poco raro ir a una tienda a comprar muebles, cuando yo me dedico a crearlos. No me lo imagino. También es verdad que muchas de las fábricas me devuelven los prototipos de las piezas que luego se han producido seriadas y allí están, sometiéndolas a mis pruebas de vida diaria.

-¿Qué impera?

-Imperan los juguetes. Que me diga alguien que tiene un pequeño de año y medio que sus juguetes no le han tomado el salón. Mi casa es, pues, juguetes y cientos de revistas y libros. Vivo en un piso de época arreglado, vaciado en cierta forma. Vamos, que lo he intentado domesticar. Pero me quiero hacer una casa. Lo que ocurre es que no tengo tiempo, nunca tengo tiempo.

-Mientras usted está en España, en Milán su gente hace traslado de muebles de un estudio a otro. ¿Ha crecido?

-Sí, ya era hora. Estábamos en un lugar pequeño y vamos a un estudio más grande. Pero no será del todo nuestro hasta que no lo desordenemos, hasta que no lo domestiquemos.

-¿Quiere domesticar todos los espacios que se encuentra en el camino?

-Me gusta, sí, domesticar lugares, objetos, cosas que tienen que ver con nuestras existencias cotidianas, para acompañar el vivir. Necesito, en primer lugar, que sean objetos de uso y que cumplan con sus características de función. Si es una cafetera, que haga café y no te quemes al cogerla; si es una lámpara, que ilumine limpiamente..., pero también es importante que eso que nos sirve para acompañarnos a vivir sepa contar su época.

-¿Ese es el éxito de un diseño, que cuente su tiempo?

-Es fundamental que sirva. Es ese concepto al que se llega tras seguir con pasión un proceso de creación y producción a cuatro manos. Es decir, asistiendo a cada paso, implicándote en todos los momentos. En mi caso comportándome como una guerrillera, que tiene que seducir con amabilidad y también ponerse dura y volver a todos locos y al mismo tiempo ponerse en lugar de aquellos a los que vuelve locos. Pero está claro que un objeto, una silla, por ejemplo, logra su cota de éxito cuando sabe hacer sociedad, decir algo de la época en que ha nacido

-¿Qué es más importante entonces la idea o el proceso?

-Todo es importante, pero hay que estar implicado al máximo en el proceso de producción. No abandonar el camino cuando la idea toma forma. Hay que seguir hasta el final. Quien no lo hace no tiene logros.

-¿Cuál es, por tanto, la tragedia de un objeto diseñado?

-La tragedia de un diseño es que se quede, que no llegue al proceso. Yo he tenido estudiantes que parecen tener grandes ideas, pero luego no superan la timidez y no logran dar el paso definitivo de la producción.

-Hábleme de Milán. Se va a Italia siendo una estudiante que todavía no ha terminado Arquitectura. Allí no le convalidan lo estudiado, ¿entonces?

-Pues a volver a empezar. Me convalidaron un curso de cuatro, pero yo nunca he tenido prisa. Lo cierto es que tuve una suerte asquerosa y mucha juventud. Cuando eres joven te falta credibilidad, pero te sobra libertad y ganas de hacer las cosas y la verdad es que puedes llegar donde te propongas. Yo perseguí mi sueño e insistí e insistí en buscar a las personas que me apasionaban como maestros hasta que les convencí de que me aceptaran. Cuando decidí acudir a las clases de Achile Castiglioni, él ya no cogía a nadie para trabajar en su estudio, pero le di tanto la lata que acabó diciéndome «si hace el mejor examen la acepto». Y lo hice. Me pasó lo mismo con Magistretti, que tampoco quería nuevos jóvenes cerca, pero su mujer, la famosa diseñadora De Padova, intermedió por mí. Nunca sabrá lo que le debo. Ahora, por cierto, vuelvo a trabajar con ella y estoy ilusionadísima.

-¿En qué momento pasa de soñar con hacer edificios a verse como diseñadora de objetos?

-La verdad es que como muchos arquitectos veía el diseño industrial como algo que estaba en un plano mucho menor, hasta que supe de los cursos del gran maestro Castigloni. Él también es arquitecto y con él descubrí la belleza de los objetos y la pasión por la arquitectura efímera, que es algo que me apasiona.

-Se conoce más a la Urquiola diseñadora que a la arquitecta. ¿En qué está trabajando ahora?

-Me gusta estar en los dos frentes, envolverme en un espacio propio es tan gratificante como envolver uno de mis objetos. Ahora estamos haciendo hoteles. Tenemos proyectos en España y en América.

-¿Que hay detrás de una idea? Tengo entendido que el concepto de inspiración le gusta muy poco.

-Poquísimo. Es un término que me pone nerviosa. Yo hablo de analogías que hacen aflorar lo que has memorizado y vivido en el sentido estético y también en el afectivo haciéndote reaccionar ante algo. Ya sea ante algo que descubres en un basurero o en la tienda de ultramarinos. El término es la digestión de las cosas. Para crear lo importante es la digestión, no la inspiración.

 
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