Domingo, 1 de abril de 2007
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CONTRAPORTADA

CRÍTICA DE TV
De la casa
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Una estampa convencional, pero emotiva: el gran veterano se despide del césped, salta al terreno de juego, los compañeros hacen guardia de honor, el público saluda en pie, una ovación respetuosa vibra en el aire; en el centro del campo espera el presidente para entregar al veterano un objeto que conmemore el acontecimiento; el veterano sólo jugará la primera parte; tal vez, si hay un penalti, le dejarán marcar un gol, su último gol. Así es costumbre -o lo era- que se despidan los grandes futbolistas después de una corta, pero intensa, vida deportiva. Así debió despedirse a José Ángel de la Casa, el locutor oficial de los partidos de la selección española en TVE, cuando dijo adiós la otra noche, después del encuentro entre España e Islandia.

El partido fue bastante horroroso; la imagen de la selección, lamentable. Pero ahora que ya todo el mundo ha hablado de eso, hablemos de José Ángel, cuya voz ha sido para muchos millones de españoles, durante muchísimos años, la voz de la selección.

Conste que TVE no se portó nada mal: el espacio previo al partido fue en realidad un homenaje al veterano que se despedía. La pantalla nos mostró, en una sucesión de imágenes bastante bien compuesta, algunos de los momentos estelares del locutor. Momentos que, en realidad, no venían protagonizados por De la Casa, sino por la selección.

Es una de las servidumbres del oficio: tu brillo no es propio. La función del locutor siempre es lunar, subordinada a la luz que recibes; si no hay tal, tu posición queda envuelta en una niebla opaca.

A José Ángel de la Casa le ha tocado en (mala) suerte narrar una época generalmente floja del fútbol español. No, desde luego, cuando hablamos de clubes, pero sí cuando hablamos del equipo nacional. A Matías Prats senior le cupo en suerte narrar un par de ocasiones épicas. A José Ángel de la Casa, no.

Lo más parecido a un episodio épico fue lo de Malta, aquellos doce goles que TVE recordó con tino. Quizá fue, también, una de las pocas veces en que al locutor se le concedió protagonizar el acontecimiento: con el paso del tiempo, lo verdaderamente memorable de aquello terminó siendo la voz quebrada de De la Casa cantando la proeza. A la selección siempre habrá que reprocharle que la otra noche, contra Islandia, no fuera capaz de dedicarle a José Ángel de la Casa una buena manita de goles.

 
Vocento

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