Desde su llegada, en 2004, a la Oficina Municipal de Igualdad, de la que es directora, ha estado en el ojo del huracán y siempre por la misma causa: su relación con el edil de Urbanismo, Jesús Morales. A esa unión achacaron desde su nombramiento hasta su actual incorporación, en un puesto de salida, a la candidatura autonómica socialista, pasando por una recalificación de fincas de su familia que, finalmente, nunca existió. Clara Costales optó siempre por el silencio. Lo rompe ahora desde EL COMERCIO para exhibir su trayectoria política contra lo que califica de «ataque machista». Es un discurso tranquilo en el que sólo se le quiebra la voz cuando habla de su familia. Y es que, asegura, en política «no vale todo».
-Dicen que su puesto es la lista autonómica es un pago a su compañero, Jesús Morales, por su marcha de la Concejalía de Urbanismo
-Sí, es la misma línea de ataque machista desde que me ofrecieron la dirección de la Oficina Municipal de Igualdad. En ese momento, los comentarios más machistas que escuché fueron de una concejala del PP, Elma Alonso, quien afirmó a la prensa que me daban un ascenso por ser la mujer de Jesús Morales. Ahora siguen igual.
-Y ¿usted qué tiene que decir?
-En primer lugar, que en el PP son incapaces de asumir que Chus y yo no estamos casados, ni lo estaremos, porque esa es nuestra opción. Y lo segundo, que estoy en la lista del PSOE por mi trayectoria política, no por ser la 'mujer de', ni de Morales ni de nadie.
-Aunque no lo llame matrimonio, la vinculación es la misma.
-Sí, claro. Chus y yo vivimos juntos, pero cuando él llegó al Ayuntamiento yo ya estaba y, es más, era directora de un patronato, el de la Universidad Popular, que luego se convirtió en la actual Fundación Municipal de Cultura y Universidad Popular.
Miedo y palizas
-¿De qué época hablamos?
-De 25 años en el Consistorio y de 23 en el PSOE, aunque, realmente, estoy en política desde pequeña, por tradición familiar (mi padre se exilió y no recuperó la nacionalidad hasta que murió Franco) y por convencimiento. La primera manifestación en la que participé fue en 1973, contra el golpe de Estado de Pinochet. Fueron tiempos muy duros: llegué a recibir una paliza en la que me dejaron inconsciente.
-Sin embargo, no estuvo usted entre los nombres más votados de los que propuso la asamblea de socialistas gijoneses para la lista regional.
-Ya, pero los procedimientos para elegir los nombres son otros. Además, fui bastante votada.
-¿Y no influye en su presencia, también, la Ley de Paridad? Parece que los partidos buscan mujeres desesperadamente.
-Si estoy en la lista por la ley, me encanta. Y no me importa decirlo.
-¿No se siente relleno?
-(Se ríe) Yo no soy un colágeno. En serio, esta ley era necesaria porque en todos los partidos hay machismo, el PP acaba de demostrarlo con el caso de Cristina Coto...
-¿En qué sentido? El PP ha expulsado del partido a la persona que la acosaba, Luis Madiedo.
-Primero, todavía sigue en el partido, que se sepa. Y, segundo, la presidenta, Pilar Fernández Pardo, dice que no actuó ante la queja de acoso de su compañera diputada por ser 'un tema personal'. Eso es una barbaridad. Sigue en la época en la que un marido podía pegar a su mujer por 'corrección marital'.
-Pero hablaba de que en todos los partidos hay machismo, ¿en el suyo?
-Por supuesto, aunque, por historia, la derecha es más machista.
-Si nos remontamos a la historia, fue una socialista, Victoria Kent, la que quiso impedir el voto femenino.
-No voy a negar que en mi partido ha habido machismo, pero fue el primero en imponer el sistema de cuotas. La diferencia es que, mientras que las mujeres del PP no luchan por conseguir la igualdad y toleran que su grupo se abstenga en la votación de la ley, las del PSOE sí damos la cara. Por ejemplo, tras aprobar el sistema de cuotas, voté en contra de aquella primera ejecutiva socialista porque no las respetaban. El escándalo fue tal que salí en primera página de EL COMERCIO.
Finca de La Coría
-Sin embargo, su nombre sólo sale ahora vinculado a Jesús Morales. Lo decía usted al principio, cuando llegó a la Oficina Municipal de Igualdad, tras una baja por enfermedad, se aseguró que era un 'ascenso' por su relación.
-Realmente, lo que hizo Elma Alonso fue llamarme prostituta...
-Ella no dijo eso.
-No, claro. Lo que dijo fue que por ser la 'mujer de' me habían dado un ascenso. Es decir, que me pagaban porque me acostaba con alguien. Eso el diccionario lo define claramente: prostitución. Pues bien, llegué a esta oficina porque daba el perfil y estoy muy orgullosa del trabajo que he realizado. Pasamos de tres personas a un equipo de 11, hemos dado cursos contra la violencia a más de 4.000 chavales (este año serán más de 6.000) y hemos logrado implantar talleres para hombres adultos. Y, sobre todo, ofrecemos a las víctimas de violencia una ventanilla única para resolver sus problemas.
-También se dijo que el PGOU había recalificado una finca de su familia para que pudieran edificar chalés.
-Ese fue el peor momento. Es abominable que alguien se atreva a cuestionar la honestidad de mi familia cuando ésta ha renunciado a cientos de millones de pesetas sólo por mi relación con Chus.
-No quisieron la recalificación.
-Por supuesto que no. Cuando se cambió el Plan General de Ordenación Urbana mis hermanos entendieron que, por mi vinculación con Morales, esa finca no se podía tocar. Estoy orgullosísima de ellos y no perdonaré nunca el dolor que les han causado. Sobre todo a mi madre. ¿Pero si cuando salió todo ese asunto nos llamaron muchos constructores del PP, así como afiliados, para decir que no iban a consentir que nos atacaran porque todos sabían lo que valía ese terreno y a lo que renunciábamos!
-¿Alguna espina clavada?
-Espina no, pero tengo claro que nunca perdonaré el daño que Luis Crego hizo a mi familia...
-(Largo silencio. Se emociona).
-... cuando a él le criaron mis padres en esa finca, con su hermano, porque en su casa había problemas. Llegó a publicar en EL COMERCIO que sus mejores veranos eran los que pasó con nosotros y siempre dijo que si en algún lugar se respiró tolerancia fue en mi casa. No hay que olvidar que su familia era franquista y la mía de izquierdas y, sin embargo, nos llevábamos bien.
-¿No pudo existir la duda? La calificación de la finca sufrió cambios.
-Él lo supo todo desde el principio: que no habría recalificación, que mi familia renunciaba. También lo del error y de que se solventó. Sin embargo, dejó que hablaran de prevaricación, quizás para seguir donde está (secretario local del PP), porque supongo que para Crego es muy duro tener casi 50 años y vivir de dar clases particulares. Demostró que para él todo vale. Para mí, no. MATRIMONIO
HISTORIAL
PREVARICACIÓN