La voz clara y profunda del arzobispo auxiliar de Asturias, Raúl Berzosa, sirvió para abrir oficialmente la Semana Santa en la ciudad. En su pregón literario, invitó a los gijoneses y a todos los asturianos a no centrarse sólo en la parte festiva y «mirar con otros ojos nuestras celebraciones». Y es que, en su opinión, las procesiones que se celebran estos días, «deben ser más que una tradición del pasado y convertirse en el reconocimiento agradecido de un pueblo a su señor».
Así, aunque su discurso estuvo plagado de citas literarias y de un profundo fervor religioso, tampoco quiso alejarse totalmente de la sociedad actual y de los problemas que padece. De hecho, llegó a asegurar que «la pasión de hoy está en pateras a la deriva» o «en hogares donde existe el maltrato», entre otras situaciones. Eso sí, quiso enviar un aliento lleno de esperanza a todos los que sufren de algún modo, ya que, en su opinión, «nuestro Dios también sufre, tiene corazón y comprende nuestro sufrimiento», tal y como tratan de reflejar las procesiones de estos días.
Antes de sus palabras, unos 300 fieles aguardaron en la iglesia de San Pedro a que diese comienzo el ritual que, año tras año, sirve para dar inicio a la Semana Santa gijonesa. Las puertas del templo se abrieron para dar paso a la Banda de Tambores de la Junta Mayor de Cofradías. Después hizo entrada el cortejo, encabezado por el presidente de la junta y hermano mayor de la Cofradía de la Santa Misericordia, Ignacio Alvargonzález, que precedía al pregonero. Tras ellos, los hermanos mayores de las otras dos cofradías: José Luis Llorens, de la Hermandad de la Santa Vera Cruz, y Pedro Vena, de la del Santo Sepulcro.
«Sin complejos»
Fue precisamente el presidente de la Junta Mayor de Cofradías el encargado de presentar a Berzosa, «el primer obispo que pregona la Semana Santa gijonesa». En su alocución, también denunció el creciente laicismo de la sociedad actual, de la que dijo que su principal problema era que vive «como si Dios no existiera». Por eso, pidió a los fieles y cofrades que saliesen a la calle a celebrar estos días festivos «sin triunfalismos ni imposiciones, pero sin complejos». Después dio paso al pregonero.
Para el obispo auxiliar, natural de Aranda de Duero y que realizó sus estudios de Teología en Burgos y Roma, ésta no era la primera oportunidad de cantar las excelencias de la Semana Santa. Ignacio Alvargonzález explicó que ya había leído en Valladolid el famoso Sermón de las Siete Palabras y que había logrado «arrancar los aplausos de los asistentes». El resultado final ayer en la iglesia de San Pedro fue el mismo.
Para cerrar su pregón, Raúl Berzosa deseó a todos los gijoneses «una feliz y fecunda Semana Santa». «Agudicemos los ojos del corazón para fijarnos solo en Él», les recomendó. Después, como agradecimiento por aceptar su invitación, las tres hermandades de la ciudad le hicieron entrega de sus medallas y del documento que le acredita como Cofrade Honorario.
Estas tres cofradías, que retomaron su actividad en 1995 y son las encargadas de organizar desde entonces los actos religiosos y culturales de la Semana Santa gijonesa. El primero de ellos, la lectura del pregón, tuvo como colofón un concierto del Coro Sinenomine, dirigido por Carlos Esperón. Sus doce miembros deleitaron a los presentes con una selección de nueve temas de carácter religioso.
Mañana, con la celebración del Domingo de Ramos, continúan las celebraciones de la Semana Santa, «memoria viva de un acontecimiento que aún perdura», definió Berzosa. Una semana que la Iglesia vive con la intensidad que implica su significado: «Hace 2.000 años se concentró en el mismo lugar toda la historia de la humanidad: pasado, presente y futuro», dijo también el obispo auxiliar en su pregón.