Domingo, 1 de abril de 2007
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GIJÓN

AL AIRE
Placeres
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EL tertuliano con más años de entre los que colaboran en esta columna, no es precisamente el más viejo, dado que no se halla en un estado de uso incompatible con la incapacidad general como suele acontecer.

No es un sepulcro, y el respeto que inspira no es pariente de aquel que se experimenta en los cementerios: supersticioso y distante. Se aplica la máxima de que cada noche morimos, cada día nacemos y cada día es una vida. Hablo, en fin, de ese paradigma de lo playo llamado Adriano Mareaxes, que, tras una temporada de ausencia, acercóse por esta esquina bronceado y sonriente:

-Da gloria velu, don Adriano -dije a guisa de saludo.

-Ye que estuve en la gloria, amiguín. Atraqué unes semanes en Benidorm, y fíjate si la gocé que no eché de menos ni los oricios ni la sidra.

-Eso es porque ligó con alguna rapaza sesentona.

-Enamoréme tanto que la quiero más de lo que quería los quiñones de marea hasta los toletes. No sé si me explico.

-No.

-Sí, home, sí: ye una metáfora referida a cuando regresaba del abareque y traía el bote llenu de sardines.

-Pues al paso que lleva, jamás voy a poder aplicarle estos versos campoamorianos: Un hombre como usted, que siempre ha sido / soldado del amor, y hoy herido, / la fuerza de la edad le dio de baja / en materia de placeres, / puede jugar por Venus y por Baco / que, excepto el vino, el juego y el tabaco, / no tuvo más pasión que las mujeres.

-Cambio el vino por la sidra, que ye bárbara pa'l riñón. En cuanto al juegu, la mi pensión sólo me permite alternar apuestes de quiniela y primitiva. En el tabaco soy más moderáu, y echo un par de farias al día. Les muyeres, en fin, son principiu y final... ¿Hay algo mejor en el mundo?

-Cuente alguna anécdota amatoria, ande.

-Bien morbosu yes, jodío. Eses son coses que sólo cuenten los babayos fantasmones. Como mucho, recordaré aquella lejanísima ocasión en la que un conocidu atrapóme con la su muyer en la cama y díjome algo muy parecido a esto:

«Home, Adrianín del alma, que yo tenga que acostame con ella porque no me queda otru remediu, pase. Pero tú, ¿qué necesidad teníes, ho?»

(A fuerza de culinos le sonsaque más anécdotas, que ya les contaré otro día).

 
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