La imagen es sobrecogedora no sólo por su espectacularidad, sino también por su simbolismo. En medio de un enorme foso de tierra removida y escombros, una humilde casa de ladrillo se eleva solitaria sobre un montículo de diez metros, pero aparece diminuta al lado de los imponentes rascacielos de acero y cristal que proyectan su amenazadora sombra sobre ella. En el tejado de la desvencijada vivienda, de dos plantas, ondea orgullosa la bandera roja con cinco estrellas amarillas de la República Popular de China. Abajo, atravesando la fachada, cuelga una pancarta donde, escritos a mano en vistosos caracteres en mandarín, reza lo siguiente: «No a la violación de una propiedad privada legítima».
Hasta hace pocos años, tal atrevimiento sería impensable en la China comunista y estaría penado con la cárcel. Pero en los nuevos tiempos que corren en el gigante asiático, que emerge como una superpotencia después de tres décadas de crecimiento económico y apertura al capitalismo, dicha proclama está amparada por la justicia desde que la Asamblea Nacional Popular aprobara el pasado 16 de marzo la primera Ley de Propiedad del país, que garantiza a las posesiones particulares los mismos derechos que a las estatales.
A esta regulación, y a la reforma de la Constitución que reconoció la propiedad privada en 2004, se aferra el dueño de la vivienda, ubicada en el centro de Chongqing, una caótica megalópolis industrial de 30 millones de habitantes situada a orillas del río Yangtsé en el sur de China.
A sus 51 años, Yang Wu, un ex campeón local de 'kung fu', lleva ya tres luchando por defender su casa. En 2004, el voraz desarrollismo urbano que está transformando radicalmente la faz del coloso oriental se asomó a su distrito de Jiulongpo, donde el Gobierno local ha previsto construir varios rascacielos de apartamentos y oficinas y una gran galería comercial.
Pero antes era necesario desalojar a las 281 familias que ocupaban la zona, que aceptaron enseguida la indemnización pagada por el promotor del proyecto para derribar sus casas. Todas menos una, ya que Yang Wu y su esposa, Wu Ping, rechazan los dos millones de yuanes (200.000 euros) que les ofrecen por su vivienda de 219 metros cuadrados, que habían reformado para montar un restaurante.
En lugar de abrir dicha casa de comidas, se encontraron con que los responsables de la obra demolieron todos los inmuebles de alrededor y, tras cercar el perímetro, excavaron una zanja de diez metros de profundidad.
Como una isla en medio de un mar de asfalto y hormigón, el domicilio de la pareja se ha convertido en el paradigma de las 'dingzihu' o 'casas clavo'. Así se denomina en chino a las innumerables viviendas que se agarran al terreno como una lapa, ya que sus propietarios se niegan abandonarlas a pesar de las presiones de los promotores inmobiliarios, quienes no dudan en recurrir a violentos grupos de matones cuando los vecinos rechazan sus míseras compensaciones.
No en vano, las expropiaciones irregulares constituyen la principal causa de las decenas de miles de revueltas populares que se registran cada año en China, donde las corruptas autoridades locales se aprovechan de que el suelo pertenece al Estado para protagonizar millonarios 'pelotazos' urbanísticos en connivencia con los promotores inmobiliarios.
Por ese motivo, y pese a que la noticia ha sido silenciada en los medios nacionales, los internautas chinos apoyan la cruzada emprendida por la pareja. «Si nadie lucha por esto, el concepto de Justicia se verá dañado, sobre todo ahora que se ha aprobado una ley que salvaguarda el derecho a la propiedad privada», declaró al periódico 'Beijing Times' Wu Ping, quien lleva dos años sin poder acceder a su vivienda porque el solar ha sido vallado.
Resistente
En el interior de la casa, donde ya no hay ni luz ni agua ni teléfono, resiste su marido, quien la semana pasada se encaramó a la misma trepando por dos tuberías de acero de la obra.
Ayudado por sus amigos y familiares, que le subieron con cuerdas dos bombonas de butano, botellas de agua y algunos víveres, el maestro en artes marciales Yang Wu está desafiando así al juez que acaba de ordenar su desahucio después de que el Gobierno local acudiera a los tribunales en enero.
Yang Wu ha asegurado que está dispuesto a deponer su actitud si el jefe local del Partido Comunista escucha sus quejas. Haciendo oídos sordos, las autoridades de Chongqing no han aparecido por allí ni han anunciado cuando derribarán la vivienda, pero sí han negado estar en connivencia con el promotor de la obra.
De momento, sigue en pie la 'casa clavo' más famosa de China, pero nadie sabe hasta cuándo.