La lapidación sigue vigente en el siglo XXI. En Irán al menos dos personas murieron apedreadas en 2006 y cuatro mujeres permanecen encarceladas a la espera de cumplir sentencia. Hasta hace unas semanas eran cinco. Hoy, Hajie Ismaelvand es libre. Su caso, como el de las demás, presentaba irregularidades y una deficiente investigación policial que hicieron que el juez se echara atrás en el momento de firmar la sentencia, cuando el agujero donde debía ser enterrada hasta el cuello y las piedras -ni demasiado grandes, ni demasiado pequeñas- estaban ya listos en su localidad natal de Yolfa, en la frontera con Turquía.
Hajie tiene 35 años y dos hijos a los que nunca volverá a ver ya que su cuñada se hizo cargo de ellos al inicio del proceso y no piensa devolvérselos. Hace siete años su marido fue asesinado por un vecino y allí empezaron los problemas. En el momento del crimen Hajie se encontraba con sus hijos fuera de Yolfa y la Policía le llamó para comunicarle la muerte de su pareja. Cuando regresó, fue inmediatamente detenida ya que el vecino declaró que había matado a palos al marido cumpliendo las órdenes de Hajie, de la que dijo que era su amante.
Sin investigaciones, ni pruebas, fue encarcelada y condenada a cinco años de prisión por colaborar en el asesinato y a morir lapidada por adúltera. Tras cumplir cinco años, la Fiscalía seguía sin poder demostrar el adulterio por lo que permaneció dos años en prisión a la espera de unas pruebas que nunca llegaron.
Movilizaciones
Las movilizaciones sociales en el país, la presión de los organismos internacionales y el trabajo de sus abogadas lograron su absolución. «Su caso es injusto, como el del resto de condenadas. La lapidación nunca debería consumarse ya que su base legal no es justa. En primer lugar, la acusada debe confesar cuatro veces que ha mantenido relaciones sexuales plenas fuera del matrimonio. En segundo, cuatro testigos justos deben dar fe de que han visto con sus propios ojos a la mujer consumando el acto sexual con la otra persona. Por último, el juez puede determinar que él sabe que la mujer es una adúltera por su intuición», informa Bahareh Davalu, abogada defensora de Hajie, que vio peligrar su vida tras las amenazas sufridas cuando decidió hacerse cargo del caso.
Davalu forma parte del colectivo de derechos humanos Rahi, y tras la puesta en libertad de Hajie ha iniciado los trámites para defender a las otras cuatro mujeres pendientes de lapidación.