Un tractor surca la campaña presidencial francesa. Un viejo Pony de 1952 de color rojo con las llantas amarillas. Al volante François Bayrou conduce el viaje al centro de la tierra política en plan granjero último modelo. El aspirante centrista porfía por ser el tercero en discordia en el duelo por el Elíseo entre el conservador Nicolas Sarkozy y la socialista Ségolène Royal, a la que ha llegado a pisar los tacones. Pero la burbuja artificialmente hinchada del efecto sorpresa se desinfla. Las ruedas están pinchadas.
La meteórica subida de Bayrou en los sondeos ha sembrado más dudas que certezas. Su puesta en órbita presidenciable data del 8 de marzo, cuando el instituto CSA le atribuyó un subidón de siete puntos hasta el 24% de las intenciones de voto en el diario 'Le Parisien'. Una semana más tarde la rampa de lanzamiento se averiaba en las mismas páginas con un desplome de tres enteros hasta el 21%. Las oscilaciones eran tan llamativas que hasta la propia Comisión de Sondeos, organismo tutelar más bien discreto, tuvo que intervenir para apelar al rigor y la mesura.
Más extraño aún fue el comportamiento con Bauyrou de IFOP, otra empresa de análisis demoscópicos. A pesar de que el hombre del tractor nunca se clasificaba para la segunda vuelta en ningún sondeo, experimentaron esa hipótesis ficticia con el sorprendente resultado de que se imponía tanto a Sarkozy como a Royal. «Hay que sopesar las palabras, pero esta herejía profesional constituye un golpe, o una tentativa golpista, de los sondeos a la campaña», ha escrito en el diario izquierdista 'Libération' Daniel Schneidermann, quien recuerda que IFOP pertenece a Laurence Parisot, presidenta del Medef, la patronal.
Por debajo del 20%
A tres semanas de la primera ronda, Bayrou ha vuelto a pasar por debajo del 20%. Sigue con la vitola de tercer hombre, pero su cotización oscila entre el 18% y el 19,5% de las intenciones de voto. No ha conseguido materializar el capital de simpatía atesorado por su posicionamiento antisistema en contra de la bipolarización secular de la vida política francesa. El 80% de los encuestados duda de que la UDF, el partido de inspiración democristiana que lidera, pueda vencer en las elecciones legislativas que seguirán en junio a las presidenciales.
Bayrou había crecido gracias a la convergencia heterogénea de los electores de izquierda hostiles a Royal y los desconfiados de derechas con Sarkozy. «Pero cuando la hora de la decisión se aproxima, estos electores están tentados por apoyar, aunque sea a regañadientes, a su campo de origen», analiza en el diario conservador 'Le Figaro' Eric Dupin. Además observa que sus intenciones de voto son frágiles ya que la mitad de los electores potenciales declaran que todavía pueden cambiar de opinión.
Según algunos estudios, el candidato centrista ha perdido terreno en el ultimo período sobre todo entre los electores de izquierda que había conseguido atraer. Su reflujo en los medios populares se explica por su incapacidad para presentar un discurso político convincente superador de la contradicción de situarse tácticamente en el centro-izquierda con un programa económico, un equipo y un pasado claramente de centro-derecha.
'Che' centrista
Jacques Julliard, editorialista de la revista filosocialista 'Le Nouvel Observateur', no cree en la imagen del 'Ché centrista', campeón del voto anti-Sarkozy y dispuesto a nombrar a un primer ministro de izquierdas. «Aupado por la ola anti-partidos, propone crear uno más. Hostil a la tiranía de partidos, quiere restablecer el escrutinio proporcional que significa la subordinación a los aparatos. Anunciando la creación de un gran partido demócrata, ofrece a los socialistas el papel reducido de fuerza de apoyo», escribe escéptico un columnista que nunca ha visto que «un teniente proponga a un general que se vuelva coronel y menos que éste acepte».
A Bayrou le ha salido mal su doble apuesta a favor de la inconsistencia de Royal y la desintegración del Partido Socialista. En los últimos días insiste en denunciar «la alianza de 'Sarko' y 'Sego', compadre y comadre, para conservar el monopolio del poder a dos». Pero la candidata socialista se exhibe ahora al lado del social-cristiano Jacques Delors, encarnación de esa tercera vía defendida por el labrador centrista. Y la irrupción en la campaña del debate sobre la violencia refuerza la oposición izquierda-derecha mientras deja en fuera de juego a un Bayrou famoso por el bofetón propinado al mocoso que le registraba los bolsillos en un paseo electoral.
Hubo un tiempo no tan remoto en que los cantos de sirena centristas parecieron tener eco por la izquierda. Un colectivo de altos funcionarios socialistas llamó a votar por Bayrou bajo el seudónimo de Espartaco. Más tarde otro grupo de antiguos responsables en ministerios de izquierda, autodenominado los 'Gracos', preconizó una colación entre los reformistas del PS, los ecologistas y Bayrou. «Históricamente, Espartaco y los Gracos tuvieron en común sus fines trágicos», observó con crueldad bruta 'Libération'. El descentrado centrista tendrá que esperar. A la postre, hace unos años ya se había trazado esta hoja de ruta: «En 2002 me presento, en 2007 consigo un resultado con dos cifras y en 2012 soy presidente».