Como en una escena bíblica, los cielos se abrieron y las fuertes lluvias dieron paso a un sol radiante. Todo para un Domingo de Ramos que ayer dio el pistoletazo de salida a la Semana Santa gijonesa. Begoña, Cimadevilla, El Coto y Somió fueron ayer sólo algunos de los muchos puntos de reunión de los fieles locales que, con sus ramos en la mano, acudieron a que fueran bendecidos.
El paseo de Begoña congregó a varios cientos de personas que, a las doce menos cuarto de la mañana, esperaban la salida del paso de la borriquilla del templo de Nuestra Señora de Begoña. De esta forma, se escenificó la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de una mula. Desde la entrada de la iglesia, el párroco procedió a la bendición de los ramos. Como en la mayoría de las parroquias gijonesas, en el paseo de Begoña fueron muchas más las personas que eligieron los tradicionales ramos de laurel a las palmas. Los más creyentes se agolparon ante el paso de la borriquilla para tocar la imagen con los ramos, a pesar de los intentos de las jóvenes que custodiaban la imagen de que el público no dificultara el paso de los costaleros.
Quienes más claro tenían por qué debían bendecir los ramos eran los cientos de niños que portaban estoicamente sus palmas. Lara, David y Lucía llevaron sus ramos de laurel a la puerta de la capilla de Nuestra Señora de los Remedios, en Cimadevilla, de donde partió la procesión hacia la iglesia de San Pedro Apóstol. «Venimos a bendecir la palma para llevársela después a los padrinos porque si no, no nos dan luego el bollo», explicaron. Los tres, que acudieron a la puerta del templo en compañía de sus familiares, son fieles a esta tradición. «Venimos todos los años», aseguraron.
Partiendo de las entrañas del barrio de pescadores, la procesión no podía dejar de contar con la participación de las tres cofradías de la ciudad, las de la Santa Vera Cruz, el Santo Sepulcro y la Santa Misericordia. Flanqueado por los cofrades mayores, el párroco de San Pedro Apóstol, Javier Gómez Cuesta, dijo al iniciar el acto que «desde el principio de la Cuaresma nos venimos preparando para estas celebraciones pascuales y hoy -por ayer- inauguramos estas fiestas por la muerte y resurrección de Jesucristo. El Domingo de Ramos conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén, la llegada victoriosa al reino del cielo».
Tañido de campanas
A las doce y media del mediodía, las campanas de la capilla de Nuestra Señora de los Remedios comenzaron a tañer, momento en que Javier Gómez Cuesta aprovechó para, con un gran ramo de laurel, comenzar a bendecir los cientos de ramos que portaban los fieles y, como es su costumbre, algo más que los ramos, ante el regocijo del personal que se concentró ante la capilla, de sobra conocedor de esta costumbre del párroco de querer bendecir también a sus fieles. Máxime teniendo en cuenta que Gómez Cuesta aseguró que «el agua bendita de Cimadevilla es la mejor de Gijón».
A continuación, se puso en marcha la procesión hasta la iglesia de San Pedro Apóstol. Tras los estandartes de las tres cofradías gijonesas, el presidente de la Junta Mayor de Hermandades y Cofradías de Gijón, Ignacio Alvargonzález, entonó varias canciones religiosas al paso de la comitiva. Poco a poco, la procesión llegó al templo parroquial, totalmente abarrotado, donde se celebró la misa de Ramos.
De esta forma se dio inicio a unos festejos de Semana Santa que, año tras año, están tomando más fuerza en Gijón, con la celebración de procesiones que congregan a miles de personas en las calles de la ciudad.