El 15 de abril será día de paga para el Pentágono, pero los fondos para financiar la guerra de Irak no llegarán. El Congreso se cogió el viernes dos semanas de vacaciones sin dejar en la mesa de George W. Bush la ley que autorizaría la nueva partida de casi 100.000 millones de dólares (unos 75.000 millones de euros) que ha pedido el presidente. Para las fuerzas armadas, ha llegado la hora de apretarse el cinturón.
Bush advirtió la semana pasada de que «el reloj está haciendo tic-tac para nuestras tropas», que según él se quedarán pronto sin fondos «vitales» para su subsistencia. «Si el Congreso no aprueba los fondos de emergencia para los soldados antes del 15 de abril, nuestros hombres y mujeres en uniforme sufrirán graves trastornos, al igual que sus familias», advirtió.
El Congreso no se ha dejado intimidar y se ha ido de vacaciones sin perspectivas de que ni siquiera a la vuelta se apruebe rápidamente la ley. De hecho, ambas cámaras han elaborado diferentes propuestas que ahora necesitan consolidar en una común, que muy probablemente sea rechazada por el presidente ya que no contará con el apoyo de los dos tercios necesarios para conjurar el veto presidencial. El Congreso de débil mayoría demócrata quiere condicionar la partida para Irak a un calendario de retirada.
Los legisladores parecen pensar que en el Ejército «siempre quedan un par de agujeros para apretarse más el cinturón», dijo un alto funcionario del Gobierno a 'Los Angeles Times'. El informe que la Oficina de Investigaciones del Capitolio ha enviado al Comité Presupuestario del Senado así lo corrobora.
La oficina cree que el Pentágono puede utilizar los fondos de su presupuesto general destinados al último trimestre del año para mantener las operaciones de combate, y reponerlo una vez que los haya aprobado el Congreso. Con eso, dice, podría aguantar hasta final de mayo. Y si para entonces todavía no ha llegado la nómina, el Congreso podría autorizarle a usar más de 56.000 millones de euros que tiene destinados a otros programas para cubrir operaciones durante las tres primeras semanas de julio. En esa fecha, hasta los más severos contables coinciden en que se habrá acabado el dinero.
Sin repuestos
Entre los ajuste de la verdadera economía de guerra que tendrá que enfrentar el Pentágono dentro de dos semanas perecen las reparaciones de tanques, Humvees, vehículos Bradleys y armas, porque no habrá dinero para comprar piezas de repuesto. Se calcula que el 40% del equipo del Cuerpo de Marines está comprometido en las zonas de combate o a la espera de reparaciones.
Se acabarán también los fondos para el mantenimiento de los edificios del Ejército, lo que puede dar lugar a episodios vergonzoso como el del hospital militar Walter Reed, pero antes caerán los barracones y los gimnasios. Habrá que reducir el entrenamiento de la Guardia Nacional y los reservistas, algunos de los cuales esperan para ser enviados a Irak. Sólo el mes de entrenamiento de los que van al campo de batalla cuesta 13 millones de euros por unidad.
El Pentágono cree que en el estricto plan que le plantea el Congreso se escapa un detalle: la escalada de tropas. A cuenta de ello, el mantenimiento de las operaciones militares en Irak cuesta ahora más de 6.400 millones de euros al mes, en vez de los 5.200 que suponía el año pasado. Y las tropas siguen llegando.