Cerca de doscientos estudiantes radicales islámicos de la Universidad de Teherán atacaron ayer durante una manifestación la Embajada de Reino Unido en la capital iraní, demandando que los quince marinos británicos detenidos sean llevados a juicio y reclamando una disculpa oficial de Londres por haber «entrado» en aguas del país pérsico.
La Embajada fue protegida por la Policía iraní y un andamio en la fachada previno de mayores daños en el edificio, contra el que los manifestantes arrojaron piedras y petardos. Ningún miembro del personal diplomático resultó herido.
El incidente ocurría mientras la correspondencia diplomática abierta entre Teherán y Londres ha permitido entablar un tímido diálogo, aunque el Gobierno de Tony Blair teme que el tactismo del presidente Mahmud Ahmadineyad pueda retrasar una solución incluso durante meses, combinando señales de distensión con proclamas contra Reino Unido.
Mientras Ahmadineyad volvía a criticar la «arrogancia» británica y reclamar una disculpa pública por haber penetrado en aguas de su país, algo que Reino Unido niega, el Ministerio de Exteriores iraní ha reconocido que la respuesta tramitada desde Londres «tiene puntos que pueden ser considerados».
Aunque se desconoce el contenido exacto del intercambio de notas entre ambos Gobiernos, todo indica que los británicos están dispuestos a ofrecer garantías de que nunca penetrarán en aguas iraníes sin pedir permiso. Eso es algo que podría negociar un alto mando de la Royal Navy desplazado a Teherán, según se acordó el sábado en la reunión de Cobra, el comité de crisis del Gobierno británico. Así lo indicaba ayer 'The Sunday Telegraph', que apuntaba la sensación en el Ejecutivo de Tony Blair de que la crisis puede durar algunos meses.
De acuerdo con la última encuesta, el 66% de los británicos confía en que Blair y su ministra de Exteriores, Margaret Beckett, podrán resolver la situación. El 48% rechaza emplear la fuerza, ni siquiera como último recurso, mientras que el 44% aceptaría esa posibilidad si no hubiera otra opción. El 40% apoya la estrategia del Gabinete de insistir en la vía diplomática sin llegar a pedir aceptar la versión iraní de haber penetrado en su territorio, y sólo el 7% reclama comenzar ya a preparar alguna reacción militar.
Por su parte, el presidente estadounidense, George W. Bush, ha calificado de «inexcusable conducta» la seguida por Irán y ha expresado su «total apoyo» a Blair en sus intentos de resolver la crisis de modo pacífico. Denominando a los militares detenidos como «rehenes», un término que Londres está evitando aunque ya lo han comenzado a emplear algunos periódicos británicos, Bush considera que se trata de un «serio» conflicto porque «los iraníes detuvieron esa gente en aguas de Irak», según dijo en una rueda de prensa celebrada en Camp David.
Tras el apresamiento
Desde Irán, Ahmadineyad insistió el sábado en un acto público en que «las tropas de ocupación británicas» habían «traspasado» la frontera del país. «Tras la detención, en lugar de pedir disculpas y expresar su pesar por la acción tomada, el Gobierno británico comenzó a decir que nosotros estábamos en deuda y a gritar en diferentes foros internacionales. Pero esto no es el modo legal ni lógico para este asunto», manifestó.
En recuerdo de la guerra con Irak de hace casi treinta años, pero en un gesto propagandístico también orientado hacia la presente crisis, Ahmadineyad aseguró que «los poderes arrogantes desaparecerán como burbujas en el agua», y consideró los ataques suicidas como un «arma invencible». «Los mártires iraníes continuarán el sendero de gloria marcado por los profetas», advirtió.
En esta estrategia de ducha escocesa, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Mohamed Ali Hoseini, moderó el lenguaje y señaló que Irán «está esperando un cambio de conducta británica y una posición equilibrada hacia este país y sus legales demandas». Estimó que la última comunicación recibida desde Londres «tiene muchos puntos sobre los que vamos a mirar».
La BBC interpretaba ayer estas palabras como una muestra de que, si bien no hay indicios de que se haya producido una significativa aproximación diplomática, al menos ambas partes están «bajando la temperatura» de la crisis.
Si esto ocurre en los contactos entre cancillerías, en las calles de Irán la crisis está tomando un sesgo populista, como ayer demostró la acción de los estudiantes islamistas.