Una nueva crisis política agita la calle y las instituciones ucranianas. Más de 70.000 manifestantes exigieron el sábado al presidente Víctor Yúshenko que disuelva la Rada, el Parlamento del país, y convoque nuevas elecciones. El máximo dirigente, que encabezó aquella 'revolución naranja' que tantas expectativas suscitó, tratará hoy de llegar a un acuerdo con la coalición de Gobierno, dirigida por el primer ministro, el prorruso Víctor Yanukóvich, para superar el conflicto que les enfrenta. Si no se consigue acercar posturas, la Rada será probablemente disuelta y los ánimos volverán a desbordarse.
Ha pasado un año desde los últimos comicios legislativos y la posibilidad de que la ciudadanía tenga que regresar a las urnas se acrecienta por momentos. La formación que más votos obtuvo el año pasado fue el Partido de las Regiones, dirigido por Yanukóvich, cuya fraudulenta victoria en las elecciones presidenciales de noviembre de 2004 fue el desencadenante de la 'revolución naranja'. No obstante, el Bloque político de Julia Timoshenko, heroína de aquella revuelta, quedó en segundo lugar
Con la ayuda del Partido Socialista de Alexánder Moroz, Yúshenko y Timoshenko esperaban el año pasado mantener las riendas del poder e intactos los ideales 'naranjas'. La 'pasionaria eslava' estaba llamada a ocupar la jefatura del Gobierno. Pero Moroz les traicionó y se pasó al enemigo. A cambio de la presidencia de la Rada formó coalición con el Partido de las Regiones y los comunistas. Aquel pacto propició que Yanukóvich se hiciera con el Gobierno.
Figura decorativa
Desde entonces, Yúshenko no ha levantado cabeza. Sus planes de meter a Ucrania en la OTAN se han ido al garete. El presidente, cuyos poderes quedaron reducidos tras los últimos cambios constitucionales, se está convirtiendo en una figura decorativa. El poder lo detenta realmente Yanukóvich, quien está haciendo que las cosas regresen al 'statu quo' existente en la época de Kuchma. Lo que ha colmado la paciencia de Yúshenko es que el primer ministro se está dedicando a bloquear sus demandas presentadas ante el Tribunal Constitucional. El primer mandatario cree que el principio con arreglo al que ha surgido la actual coalición gubernamental, fruto de la ruptura de un pacto previo por parte de los socialistas, es anticonstitucional. Además, 21 diputados tránsfugas, procedentes la mayoría de su propio partido, se han pasado a las filas de Yanukóvich. Yúshenko acusa también a su adversario de estar llevando a cabo una «politización intolerable» entre los altos mandos del orden público y del Ejército.
Yúshenko ha presentado a Yanukóvich un ultimátum. Para evitar la disolución del Parlamento, exige «que cese la práctica anticonstitucional en la formación de la coalición de Gobierno, la aprobación de una ley que impida el transfuguismo y que se desbloquee el trabajo del Tribunal Constitucional». El primer ministro ya ha advertido que no aceptará ningún ultimátum de nadie.