Lunes, 2 de abril de 2007
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Primavera
LA primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido'. Así hablaba el poeta en los tiempos en que regía el mundo un orden natural que se extendía desde la propia naturaleza hasta la sociedad, un tiempo en el que el ser humano todavía no había descubierto la manera de destruir el paisaje, verter los detritus de sus inventos en los ríos y en los mares, echar al cielo cantidades de productos que desgarran las capas que nos protegen de los rayos del sol, y mucho menos había puesto en marcha la codicia de querer tener más para sí y menos para los demás, hasta el punto de que moriría cada uno de los depredadores sin haber tenido tiempo de disfrutar de los excesivos bienes que había acumulado.

La primavera ha llenado páginas de literatura romántica y ha sido metáfora de estados de ánimo, situaciones políticas y sociales, bienes que se entienden como recompensa de esfuerzos que han sumido al personal en las desérticas plazas de la soledad, y tantas otras imágenes más.

Pero este año de gracia, por decirlo de la forma tradicional, de 2007, la primavera ha venido con el frío, el hielo, la nieve y los aterradores vendavales que han arrancado árboles recién floridos. Como una metáfora, esta vez, de los desaguisados a que se dedica la Humanidad, una Humanidad que entre otoños y primaveras ha sido capaz de fertilizar la tierra hasta el extremo de dar de comer a sus habitantes y de conservar en las profundidades de su oscura realidad las aguas benditas con que saciar la sed de los humanos, de los animales y de las plantas. Una metáfora que nos viene a decir que somos nosotros los que hemos desencajado de tal modo un orden natural que ha mantenido durante millones de siglos los astros en el cielo, que hoy cientos de miles de hombres, mujeres y niños mueren de inanición porque no les alcanzan los alimentos de una tierra que hemos secado tal vez porque, de nuevo una metáfora, hemos utilizado el agua para verdear los campos de golf de los ricos y aprendices de ricos de este mundo.

Metáforas que utilizan la primavera, imágenes que la tienen en cuenta, hermosos poemas sobre flores que llenan el ambiente con sus olores como en el mes de María de nuestra infancia. Pero lo cierto es que la primavera de ahora no es ya la estación de las flores y la del renacer de la naturaleza como había sido siempre en nuestras latitudes, sino un conglomerado de desaguisados que nos recuerda lo estúpido que es el ser humano que destroza y acaba con lo que ha recibido y encima se siente satisfecho por ello.

 
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