Lunes, 2 de abril de 2007
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Consuelo en la Cuevona
La mayor parte de los visitantes que tenía reservadas entradas en Tito Bustillo optó por conocer la gruta anexa de Ardines, que llegó a albergar más de 250 turistas
Consuelo en la Cuevona
PÚBLICO. Uno de los grupos llegados desde Madrid y Gijón, durante la visita a la Cuevona. / D. E.
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Se quedaron sin ver la cueva de Tito Bustillo, pero a cambio les quedó el consuelo de visitar la Cuevona de Ardines. La mayor parte de los visitantes que se habían acercado a Tito Bustillo en el inicio de la temporada y que se encontraron con la gruta cerrada optó por aprovechar el viaje para subir hasta la Cuevona, que llegó a albergar a más de 250 personas.

Entre ellos, se encontraba, por ejemplo, Bernardino Sánchez, que llegó con un grupo de personas procedentes de Madrid y de Gijón. «Nos llamaron los trabajadores de la cueva cuando estábamos ya en la rotonda que conduce al puente de Ribadesella para decirnos que estaba cerrada, pero como ya nos encontrábamos tan cerca decidimos acercarnos igual y ver por lo menos la Cuevona», explicaba este gijonés, quien tenía intención de «volver el miércoles a ver si hay más suerte».

Como él, nada más conocer la noticia Víctor Molina y su compañera, de Barcelona, empezaban a plantearse la misma alternativa. «Preguntaremos por la Cuevona para ver qué tal está».

Todo el año

Según los trabajadores, ayer fue uno de los días de más afluencia para esta otra gruta, que abre todo el año de miércoles a domingo. La Cuevona, que forma parte del conjunto de grutas de Tito Bustillo y dispone de un acceso independiente, ofreció como es habitual pases desde las 10.20 de la mañana y hasta las cuatro de la tarde, y cada uno de ellos de una media de unos 30 minutos.

Alfonso Míllara González, encargado de Tito Bustillo, informó de que a todas aquellas personas que habían reservado y pagado la entrada a esta última se les ofreció la posibilidad también de aplazar su reserva o bien devolverles el dinero. Y es que ya desde el pasado mes de septiembre los turistas habían realizado alguna reserva hasta el próximo 16 de septiembre.

No era el caso del madrileño Juan Luis Murillo, que había estado ya en Tito Bustillo hace cerca de 20 años y ayer confesaba que se había quedado con las ganas de volver algún día. «Las pinturas me impresionaron mucho», comentaba Juan Luis Murillo, quien probó suerte con su familia aprovechando que se encontraban pasando unos días de vacaciones en un pueblo de Cantabria.

Como los demás, este madrileño no quiso dejar pasar la oportunidad de ver al menos la Cuevona de Ardines. «Ya tenemos cita», exclamó.

 
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