Para cuando, de traje y con bufanda amarilla, bajó a la plaza de Trascorrales a tomar el caldo con el Cabildo de la Catedral (en realidad, jamón, buñuelos con bacalao, fritos de pixín, consomé, fabas con almejas y centollo, y postre), Gabino de Lorenzo se había soltado a gusto. Raro es que, como ayer, azuce a los periodistas a hacerle preguntas. Y lo hizo con un discurso armado donde Areces recibió dardos de todo tipo.
Al hilo del ya inevitable «cerco a Oviedo», ciudad donde el Principado recauda «el 30% de los impuestos» de la región, le recriminó que faltara a los «compromisos entre caballeros». Además de con Santullano, señaló la conexión del vial entre Vallobín y San Claudio con la autovía a La Espina, que el Principado asumió pagar en octubre.
Por contra, «la Universidad Laboral se ha hecho a golpe de talonario: la obra, y los fastos, que vamos ya por la segunda inauguración». No quedó ahí la coña: «Areces es capaz de enterrarse en la Laboral, de ponerlo en el testamento, 'que me entierren allí', y que le hagan otra torre».