El presidente de la ONG Amigos del Pueblo Palestino 'Al Fatah' y militante socialista, Fernando Huarte, ha sido propuesto como testigo para declarar en el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional para esclarecer los etantados del 11-M. Huarte aparece vinculado al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y señalado con el número 457 en la lista oficial de testigos de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal, a la que ha tenido acceso este periódico. A pesar de que el socialista gijonés siempre ha negado ser miembro de los servicios de Inteligencia del país, el documento judicial oficializa de alguna manera su relación con el citado organismo. De hecho, el listado clasifica a los testigos por clases, según sean protegidos, policías, guardias civiles o particulares, y en el epígrafe correspondiente al político gijonés aparecen las siglas CNI.
Ayer EL COMERCIO trató de contrastar esta información con el propio Huarte, pero el que fuera hace unos años miembro de la ejecutiva local del PSOE de Gijón rechazó hacer cualquier tipo de declaración al respecto y se limitó a asegurar que aún no ha recibido notificación alguna para testificar ante el tribunal que preside el magistrado Javier Gómez Bermúdez.
La citación de la Audiencia Nacional no le será remitida hasta dentro de varias semanas, a propuesta del abogado de Jamal Zougam, el marroquí propietario del locutorio de Lavapiés en el que presuntamente se compraron y manipularon las tarjetas de los teléfonos móviles que sirvieron para activar las bombas en los trenes.
José Abascal, su letrado, sigue una estrategia de defensa tendente, sobre todo, a poner en entredicho las líneas de investigación de los cuerpos de seguridad del Estado y, de hecho, se le considera uno de los simpatizantes de la llamada 'teoría de la conspiración'.
Durante el interrogatorio pondrá de manifiesto los contactos que Huarte mantuvo con el terrorista argelino Abdelkrim Bensmail, miembro del Grupo Islamista Armado (GIA), quien recibió la visita del socialista gijonés al menos en tres ocasiones -entre marzo de 2002 y octubre de 2004- durante su reclusión en el Centro Penitenciario de Villabona. Una de esas visitas tuvo lugar siete meses después de los atentados. Huarte siempre ha defendido que esos encuentros se enmarcan en las líneas de actuación humanitaria del colectivo que lidera, Al Fatah, y no por su actividad política. Fue Bensmail quien contactó con la ONG de Huarte para solicitar «ayuda humanitaria». Según justificó en su día, el objeto de esos encuentros era hacerle llegar revistas en árabe, ropa y otros objetos personales, aunque también le gestionó un permiso para ser atendido por un dentista. Las conversaciones entre ambos se circunscribieron siempre «al ámbito más personal, sobre sus necesidades en la cárcel», y nunca al político.
Reacción del PP
El hecho de que esta relación saliera a la luz generó un enorme revuelo en las filas políticas. En abril de 2006, el PP presentó en el Congreso 215 preguntas, entre las que figuraban siete sobre Fernando Huarte. En concreto, los populares querían conocer los detalles de su vinculación -en calidad de colaborador o confidente- con el CNI y aclarar los lazos que le unían a Abdelkrim Bensmail, así como con otro preso de Villabona, Khaled Madani, detenido por ayudar a los terroristas del 11-S. También fueron analizadas las grabaciones de las conversaciones entre Bensmail y Huarte, pero de ellas no se desprendió información comprometedora.
Considerado el lugarteniente de Allekema Lamari, 'cerebro' del 11-M y uno de los suicidas de Leganés, Bensmail está considerado un preso muy peligroso y radical. Un ejemplo es que, en un traslado para asistir a un juicio en Oviedo, agredió con un cabezazo a uno de los agentes que le custodiaba. El terrorista también declarará en el juicio como testigo para explicar por qué en un registro se le encontró un papel con los nombres de los etarras Harriet y Henri Parot, además de un folio con la fórmula de la cloratita, explosivo empleado habitualmente por ETA.
El abogado de Jamal Zougam, para quien el fiscal pide 38.000 años de cárcel, también propone como testigo al carnicero de origen argelino y afincado en Gijón Rabia Gaya, que en ocasiones colaboró con Huarte en cuestiones de seguridad, por ejemplo en algunos mítines socialistas.
Al igual que Huarte, Gaya siempre ha negado sus vínculos con el CNI. Los nombres de ambos ya han salido en varias ocasiones en la vista oral del 11-M. En una ocasión, durante el interrogatorio a otro de los imputados, el marroquí Fouad el Morabit. El procesado, que residió durante un año en Gijón, donde estudió Electrónica, admitió que conocía a Rabia Gaya «del barrio», pero negó haber tenido relación con Fernando Huarte.