ERA que estaba Jimmy Giménez Arnau en 'Dolce vita'. Y presentaba un libro. Y unos periodistas se lo ponderaban. Y un ciudadano mandó un mensaje que decía: «Jimmy eres un escritor de primera». Y cabe imaginar al rechoncho cadáver de Gonzalo de Berceo revolviéndose furioso en su tumba, porque una cosa es hablar en román paladino y el bon vino y todas esas gracias, y otra muy distinta es llenar el tapete de grasa, ¿no? Al final, no nos engañemos, nuestra tele da de sí lo que da, reflejo de un país que no puede dar otra cosa. Se pueden contar con los dedos de una mano los minutos que Telecinco ha dedicado a hablar de un libro de verdad en los últimos seis meses. Lo mismo vale, por cierto, para Antena 3, incluso para TVE-1 y, por supuesto, para Cuatro o La Sexta. Por el contrario, que Jimmy Giménez Arnau cometa un libro es tema central de un programa de gran audiencia.
El único programa dedicado a libros en la pequeña pantalla de ámbito nacional es un precario espacio semiclandestino que se llama 'Estravagario' y se emite en la medianoche de La 2. En nuestra tele sobra política y falta vida pública, sobra ruido y falta debate, sobra frivolidad y falta sensatez, sobra escándalo y falta tontería, sobra espectáculo y falta cultura. Toda la vida nacional ofrece el aspecto de una gigantesca ficción donde una generación ágrafa es educada en el tópico de que es «la generación mejor preparada de todos los tiempos» y donde los carnés de intelectual los da Pilar Bardem. Y eso por no hablar de política. En un país así, que el libro-noticia del mes en la tele sea una emanación de Jimmy es algo completamente lógico, según esa lógica grotesca del esperpento.
Me decía la otra noche Antonio Garrido que el esperpento no es realmente la imagen deformada de España vista en un espejo cóncavo, sino que es la imagen fidedigna; o sea que la culpa no es del espejo, sino que la cosa es así. No diré que no, sobre todo después de escuchar a Jimmy perorar sobre la democracia. Lo que pasa es que la ocurrencia valleinclanesca, vista desde la perspectiva de la tele, tiene otra lectura: esperpento es la figura de España vista a través de ese espejo deformante que es la caja tonta, y la gran tragedia es que las multitudes, por indiferencia o por ignorancia, parecen encantadas con la imagen. Desolación. Pero es de ese tipo de desolaciones que, tal vez, sólo cabe derrumbar a fuerza de carcajadas.