Vivir bajo un puente. No se trata de una figura literaria sino de la realidad de un matrimonio y su hija de 17 años, que llevan ocho días pernoctando bajo uno de los puentes del corredor del Nalón, en la zona conocida como el Bosquín, en la localidad de El Entrego.
Miguel Jiménez asegura que antes de llegar a esta situación «vivíamos en Sorriego y nos echaron porque estorbábamos». Posteriormente, «nos dieron una minicasa en El Sotón donde no se podía vivir porque llovía dentro. Decidimos devolver las llaves al Ayuntamiento, donde nos dijeron que no había más casas».
Jiménez comenzó entonces a buscar una vivienda junto a su mujer María y a la hija de ésta, Lucita, pero «no encontramos nada y nos decidimos por instalarnos aquí, aunque por las noches pasamos mucho frío». Ellos consideran que lo importante es «estar juntos y tranquilos». Para combatir el frío, encienden a media tarde un fuego delante de sus camas.
Dos somieres
Esta familia de etnia gitana ha buscado el resguardo de un pequeño montículo de tierra y ha instalado bajo un puente, que les proporciona un techo de hormigón a 10 metros de altura, dos somieres con patas. Tambien disponen de un camping gas, que hace las veces de cocina, rodeado de cazuelas, sartenes y algo de comida. A su alrededor se pueden ver varias bolsas, cajas de cartón y un carro de la compra, que les sirve de armario para sus pocos enseres. «Ahí lo tenemos todo y lavamos la ropa en un río cercano», explica María, mientras tiende algunas prendas en una cuerda atada a una de las pilastras del puente.
Actualmente, el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio está arreglando las humedades detectadas en los pisos de El Sotón, pero esta familia dice que no piensa volver, «lo hemos pasado muy mal», insiste el padre. La situación se agrava porque María padece problemas de salud que le han obligado a ingresar varias veces en el hospital, principalmente por bronquitis.