Martes, 3 de abril de 2007
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GIJÓN

JOSÉ LEOPOLDO PORTELA GONDAR CREADOR DE LA FERRETERÍA PORTELA HERMANOS
«Los comunistas creíamos que el empresario era el enemigo. Luego vi que había gente buena»
El industrial y cofundador de CC OO recopila sus memorias en un libro en el que repasa su historia y que está repleto de anécdotas políticas y de lucha sindical
«Los comunistas creíamos que  el empresario era el enemigo. Luego vi que había gente buena»
NAVE. Portela, en su almacén del Polígono Mora Garay. / P. CITOULA
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Habla de «camaradas» y «compañeros» y a veces se le escapa una 'j' traída de las Rías Bajas. José Leopoldo Portela es «un gallego que vive en Asturias desde los 16 años» y ahora ha querido contar su historia. Esas 'Memorias', publicadas por Hércules de Ediciones, repasan la vida de un chaval de Portonovo que fue minero en Asturias, de un proletario que se hizo empresario. Pero también son la crónica de una época de activismo clandestino, de un Gijón en cambio y de los viajes de un «comunista convencido» a los países del socialismo real.

-¿Por qué decidió contar su vida?

-Llevo preparando este libro más de tres años. La gente me decía que tenía que hacerlo y se lo he querido dedicar a aquellos camaradas que lucharon mucho por una idea que luego resultó equivocada, pero que al principio valió.

-Llegó al Principado de chaval...

-Cuando vine aquí lo pasé muy mal, estábamos racionados y me metí en la mina.

-¿Cómo recuerda ese Gijón?

-Era otro Gijón. Ha cambiado en todos los sentidos. En El Llano estaba la Cábila, con chabolas donde vivía mucha gente y Schultz era la única arteria importante, un poco curiosa, porque todo lo demás estaba sin arreglar. El barrio de Contrueces parecía una isla y entre Pumarín y Gijón estaba la Urgisa, todo lo demás eran prados. En el muelle, en el Arbeyal, todo eran pequeños astilleros y mucha porquería. Eran años difíciles, porque estábamos en una dictadura y la vida era muy dura.

-¿Qué vivió en La Camocha?

-Hubo tres huelgas salvajes, pero ganamos luchando todos juntos, entre 1962 y 1964. En la última, estuvimos cinco meses de huelga, pero conseguimos todo lo que pedimos, aunque hubo un problema grave: la protesta era por los del interior y la empresa echó al 90% de los del exterior, que habían ido a la huelga sólo por solidaridad.

El partido

A José Leopoldo la gente le llama Portela. Repasa nombres y lugares, evoca a José Ramón Herrero Merediz, David Ruiz y Gustavo Bueno. «En aquella época, en los 60, en Gijón sólo había cuatro socialistas, estaban Marcelo García, su hermano y pocos más. Yo presenté a Marcelo a todo el mundo», recuerda.

-Fue un comunista muy activo.

-Empecé a trabajar para el Partido Comunista en 1962. La mayor parte de los dirigentes del partido venían de los católicos y aprendí mucho con ellos, que me enseñaron a leer y a escribir. Por eso no me gusta cuando se meten con los hijos de los franquistas... Muchos hijos de franquistas fueron presos por el comunismo. Como se unía tanta gente al partido, era difícil formar a todos. Eso cambió en el 66, con las sociedades culturales.

-Usted fundó la de Pumarín.

-Cuando empezamos, aquello era una jaula de grillos, pero poco a poco nos fuimos organizando. Las sociedades culturales jugaron un papel muy importante en la formación de los comunistas.

-¿Fueron el precedente del actual movimiento asociativo de Gijón?

-Sí, las sociedades y las asociaciones de familias, que son las actuales asociaciones de vecinos. El partido me dio orden de entrar en la asociación de familias de El Llano y a otros les mandó meterse en el Sindicato Vertical, para romper el régimen desde dentro. Pero no todos los de izquierdas son buenos y los de derechas malos. Marino Busto, la mano derecha de Franco en Asturias, tuvo muchos resortes en sus manos, pero fue honrado. A veces, las personas tienen buenas intenciones, con ideas equivocadas. Yo lo vi con el comunismo.

Pasado y presente

-¿Cuándo llegó a esa conclusión?

-Hasta que cayó el Muro de Berlín yo quería más a la Unión Soviética que a España. Pero cuando vi el fracaso de forma directa fue en un viaje a Cuba con Eleuterio Bayón, después de lo del Muro. Antes, la idea no nos dejaba pensar, nos parecía todo perfecto.

-Dice que en aquella época muchos no entendieron que un comunista se convirtiera en empresario.

-Los comunistas éramos muy fanáticos, para nosotros el empresario era el enemigo número uno. Pero cuando empecé a viajar me di cuenta de que había gente creadora, gente que hacía cosas buenas. El empresario es un creador.

-¿Qué destacaría de sus años de política en la clandestinidad?

-Quisimos hacer una editorial y hicimos una reunión en el Auseva para escribir los estatutos. Éramos más de 30 personas y a partir de 21 ya te podían meter en chirona por 'asociación ilegal'. Nos reunió Daniel Palacio, que sabía buscar bien a la gente, y estaba Sela Sampil, el catedrático que le había dado clase a Fraga, que dijo que no habría problema, que nos aprobarían los estatutos... Pero al verlos, no lo hicieron.

-Saltando en el tiempo. ¿Cómo ve a los comunistas ahora?

-A mí me inculcaron mucho que el PSOE eran nuestros aliados, pero que serían nuestros contrarios. Y no soy el único que piensa así, se lo digo a Llamazares. Areces fue un gran amigo mío en el partido, pero en su primera legislatura pasó de IU y luego, cuando salió en minoría, echó mano de ellos. Yo no lo veo bien, porque al integrarse, pierdes fuerza. Por eso, veo una ruptura irreconciliable entre IU y el PC.

 
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