LOS acontecimientos acaecidos ayer alrededor de la opa sobre Endesa indican que, probablemente, serán los últimos de una atribulada historia. El acuerdo alcanzado entre los tres contendientes -E.on, Acciona y Enel- pone fin a las disputas y ofrece una solución que parece satisfacerles, si bien a un elevado coste general. La empresa alemana consigue desembarcar con fuerza en el mercado español y, aunque no sea éste su sueño ideal, tendrá más de lo que ahora posee. La empresa italiana da un salto de gigante, pues pierde Viesgo pero gana una parte muy sustancial de Endesa, que con toda probabilidad será además creciente. Y Acciona consigue lo que quería: decidir en la eléctrica, desde donde podrá reorganizar sus importantes activos eólicos.
Pero el desenlace final deja también su reguero de damnificados. En primer lugar, la credibilidad del sistema, que ayer se desgarró por completo con el anuncio de la dimisión del presidente de la CNMV. Habrá que esperar hasta conocer el contenido de las explicaciones anunciadas por Manuel Conthe ante el Congreso. Pero cabe suponer que no ha podido o no ha querido resistir las presiones que le obligaban a hacer lo que no deseaba. El organismo regulador -y con él el edificio legal que rige las opas- ha quedado severamente dañado al permitir que dos empresas, desde fuera y sin participar en un proceso estrictamente reglado, hayan podido orientarlo hacia sus particulares intereses.
El segundo damnificado es la propia Endesa, que no sale reforzada. Si se ratifican las previsiones del acuerdo, después de haber empleado una gran parte de sus energías en defender su integridad durante año y medio, verá al final una parte de los activos radicados en España cercenados, así como gravemente mutilados los que posee en el exterior. El tercer damnificado es el Gobierno, que ha transitado por esta historia torpe y desorientado. Apoyó a Gas Natural con exceso de celo y de publicidad; modificó oportunistamente la legislación que regula el sector, lo que provocó las iras de Bruselas; pactó un acuerdo con la canciller Merkel que después incumplió; se decantó por Enel sin ofrecer una justificación razonable, y presionó tanto que ha hecho saltar al presidente de la CNMV. Demasiada intervención y demasiados errores para un resultado tan costoso