Miércoles, 4 de abril de 2007
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GIJÓN

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Escuela de niños pobres
Benito Álvarez Miranda, primer propietario, lo legó en 1910 para ser usado como colegio para desfavorecidos
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Benito Álvarez Miranda, antiguo propietario del edificio donde se ubica el colegio Cabrales, verá cumplidas sus últimas voluntades por partida doble. Este gijonés, dueño de este palacete urbano, legó tras su muerte, allá por 1910, la que había sido su vivienda habitual en los últimos años de su vida. Según consta en la escasa documentación que ha podido recopilar el centro escolar, Álvarez Miranda puso como condición irrevocable que el edificio fuera destinado «para fines ateneístas o para escuelas de niños pobres o de familias obreras».

La historia de este palacete se remonta, según consta en el legado de Álvarez Miranda, a principios del siglo XX. Se desconoce la fecha exacta de su construcción, aunque, según recoge el testamento de su antiguo propietario, «su edificación es anterior al año 1904».

En sus inicios fue regentado por los padres Agustinos, que habilitaron en él la escuela-taller Santa Rita. La orden abandonó el centro durante los años de la Guerra Civil. Superada esa etapa, el edificio pasó a ser gestionado a tres bandas: el Ayuntamiento, el cura de la iglesia San Lorenzo y los herederos de Benito Álvarez Miranda. Se intentó recuperar para huérfanos del Magisterio, con un rotundo fracaso. Fue entonces cuando el edificio se convirtió en colegio nacional, pasando a ser un centro escolar exclusivamente para niñas y jóvenes. Eran tiempos en los que se impartía 'educación en el hogar', 'talleres de corte y confección' o 'formación del espíritu nacional'.

Pero este palacete, que acumula más de cien años en sus muros, compartió espacio y tiempo con José Cienfuegos Jovellanos, desciende de Gaspar Melchor de Jovellanos, que regentaba el edificio contiguo, donde llegó a funcionar la Academia Sánchez Lorenzo.

Sordomudos y colonias

Además de colegio, el Cabrales cumplió otras muchas funciones. Desde centro escolar para sordomudos hasta una especie de hotel veraniego. Durante muchos veranos, el edificio ubicado en la calle de Casimiro Velasco albergó a niños y niñas madrileños que venían a pasar sus vacaciones a Gijón. Estas colonias se instalaban durante los meses de julio y agosto.

Con todo, los actuales 162 alumnos y sus 18 profesores son apenas una muestra de lo que llegó a ser el colegio Cabrales, al menos, en volumen. En 1969 llegó a contabilizar cerca de 400 alumnos. Aunque de aquélla ya era un centro mixto, las mujeres seguían siendo amplia mayoría: 280 frente a 105 niños.

 
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