Domingo, 8 de abril de 2007
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GIJÓN

JAVIER GÓMEZ CUESTA PÁRROCO DE LA IGLESIA DE SAN PEDRO
«Las cofradías gijonesas se han ganado el respeto de la ciudad»
«La Semana Santa local puede ir actualizándose y buscar su propio camino sin mirar hacia al Sur» «Admiro a Fernando Alonso, que se casó por la Iglesia sin meter ruido»
«Las cofradías gijonesas se han ganado el respeto de la ciudad»
EN EL TEMPLO. El sacerdote sentado, con el altar de fondo. / PIÑA
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Javier Gómez Cuesta es un hombre culto, de verbo ágil y que habla muy claro de las cuestiones que tienen que ver con la fe. Fue vicario general de la Iglesia asturiana durante 17 años, tiene una tesis doctoral de Teología a medio hacer por falta de tiempo y desde 1999 está al frente de la parroquia de San Pedro, donde confiesa estar feliz. «El templo es una maravilla y está en un enclave paradisiaco. Se disputa ser el emblema de Gijón con el 'Elogio del Horizonte', aunque yo creo que la torre de San Pedro tiene más adictos», afirma.

-Su llegada a la parroquia hace ocho años coincidió con la recuperación de las procesiones tras un largo parón. ¿Cómo ve hoy en día la Semana Santa gijonesa?

-Aquí ha habido una recuperación pacífica de las procesiones. Las cofradías tienen mucho mérito, porque han partido de cero y con un ambiente hostil alrededor. A la vista está que con su forma de expresar sus sentimientos y convicciones sin remilgos se han ganado el respeto de la ciudad. Ese respeto está en las calles y cada vez se impone más el ver las procesiones. Eso se ha pegado del Sur y la gente se mueve para ver pasar a los cofrades.

-Las cofradías se quejan de que los mayores detractores de las procesiones están dentro de la propia Iglesia. ¿Está de acuerdo con ellas?

-Efectivamente hay quien cree que no son manifestaciones propias de este tiempo. Que son una forma de catolicismo social o nacionalcatolicismo y que la vida de la asamblea de creyentes debe estar en el templo. Esta postura tiene que ver con la reforma del Concilio Vaticano II, que hizo que las celebraciones litúrgicas ganaran en expresividad y hondura y se acercaran más a las personas. Ese cambio afectó a las procesiones en sitios como Gijón, donde llegó un momento, como me contó Don Boni, en que no había gente que sacase los pasos. Sin embargo, al revitalizarse las cofradías ese problema ha desaparecido.

-¿Cree que Gijón tendría que mirar hacia Castilla y León y Andalucía para introducir algún elemento nuevo en sus expresiones de devoción?

-No, tiene que buscar su propio camino sin mirar hacia el Sur. Lo que sí puede es ir actualizándose, ganando en compromiso y solidaridad sin apartarse de su senda. La Semana Santa norteña es más sobria. Las emociones de los cofrades son aquí mucho más contenidas. Los temperamentos influyen mucho en las manifestaciones externas, incluso de la religiosidad, y ese fervor popular de los costaleros del Sur pertenece a su propia esencia.

-Se lo decía porque en otras latitudes parece que le sacan mayor partido turístico a las procesiones.

-La Semana Santa siempre será Semana Santa, con mayor o menor participación de la gente. Aparte de la devoción, tiene mucho de arte y ahí es donde entra lo turístico. En las procesiones se exhibe la belleza de lo religioso, aunque sea de un drama como la Pasión de Cristo. La gente acude a admirar las imágenes de los pasos, que son un gran reclamo. En el Norte queda poca imaginería antigua por la Guerra Civil española, pero lo que se va trayendo de fuera es valioso y son expresiones artísticas aceptables.

-Hablaba antes de la revitalización de las cofradías, ¿cree que está garantizado el relevo generacional dentro de ellas para varios años?

-Con las cofradías pasa como con todo. El compromiso y la participación de la gente en los últimos años ha decaído un poco. Las personas se comprometen con las causas nobles de forma puntual, pero mantener ese compromiso durante tiempo resulta más difícil. En ese sentido los miembros de las cofradías deberían mantener su vitalidad durante todo el año. Hay un núcleo dentro de cada una de ellas que me consta que lo hace.

Benedicto, «más tímido»

-¿Qué valoración hace de los casi dos años de pontificado de Benedicto XVI?

-Es un hombre más tímido que su antecesor, pero también es un gran intelectual y teólogo, con un conocimiento del pensamiento actual como nadie, al que da gusto escuchar. A pesar de que por edad es un Papa de transición, también ha traído la esperanza de ver si con él la Iglesia -que es más un elefante que una gacela por el peso de su historia- es capaz de expresar mejor su carácter universal.

-Volviendo al plano local, como presidente de la Fundación San Eutiquio, ¿por qué la venta ahora del centro de La Salle?

-El colegio prestó un gran servicio educativo a Cimadevilla, pero ya ha cumplido su misión en el barrio. Hoy en día los colegios necesitan instalaciones más modernas y el alumnado que viene a estudiar aquí no es de Cimadevilla, sino de todos los barrios de Gijón y de fuera. Por eso hemos visto viable que el centro siga cumpliendo su función en otra ubicación que ofrecen las empresas que urbanizarían el solar.

-En el terreno más personal, ¿cómo vivió hace seis años su salto al disparadero mediático nacional cuando casó a Cayetano Rivera Ordóñez y Blanca Romero?

-Lo pasé mal. Los famosos tienen derecho a casarse, pero deberían molestar lo menos posible y dejar a las parroquias en paz. La presión por la exclusiva de aquella boda yo no tenía por qué haberla aguantado. En ese sentido admiro a Fernando Alonso, que se casó por la Iglesia y no metió ruido.

-Como sacerdote, ¿qué le aconsejaría a Iván Pérez del Río, actualmente en un noviciado, cuando la Junta Electoral le pregunte si quiere ser concejal por el PP?

-Si tiene un compromiso serio con la compañía de Jesús debería obviar lo político.

 
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