Viernes, 13 de abril de 2007
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GIJÓN

GIJÓN
Un Madrid con sabor asturiano
El Museo del Pueblo de Asturias publica un libro sobre la emigración a la capital de España desde el siglo XVI Ejercían duros oficios, como carbonero, aguador o sereno
Un Madrid con sabor asturiano
AGUADOR. Retrato de un asturiano publicado en La Ilustración Española y Americana, el 24 de noviembre de 1872. / E. C.
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La emigración asturiana no se centró sólo en América y Europa. También hubo a lo largo de la historia un continuo trasiego de asturianos rumbo a Madrid. Muchos se desplazaban a la capital de España por periodos de cuatro o cinco años, pero la mayoría lo hicieron para quedarse.

De esa emigración se ocupa el libro 'Asturianos en Madrid. Los oficios de las clases populares. Siglos XVI-XX', obra de Juan Jiménez Mancha y publicado por el Museo del Pueblo de Asturias. Este trabajo fue presentado ayer por la concejala responsable del museo, Carmen Rúa, y el director de las instalaciones, Joaquín López Álvarez. Ambos coincidieron en la necesidad de conocer la historia de la región para comprender su actualidad.

Las 300 páginas del libro se centran en los trabajos desarrollados por la mayoría de los asturianos emigrados a Madrid -también los hubo en cargos importantes-, así como en su forma de vida. Poco se diferenciaba, según Joaquín López, de las circunstancias que rodean a los actuales emigrantes en España, viviendo hacinados en pequeñas habitaciones, desempeñando los trabajos que nadie quería y ahorrando el máximo de dinero para enviar a sus familiares en Asturias.

Aguadores, serenos, carboneros, conductores de simón, amas de cría, comerciantes y mozos de cuerda eran muchos de los oficios en los que destacaba la presencia de asturianos a partir del siglo XVI, cuando Madrid se convirtió en capital. En muchos de ellos siguió siendo tradición que fueran ocupados por originarios del Principado incluso hasta hace pocos decenios, como fue el caso de los serenos.

Juan Jiménez Mancha investigó estos datos en el Archivo Municipal de Madrid y tuvo la fortuna de que ya hace cinco siglos era necesario contar con licencia municipal para desarrollar estos duros trabajos. Por eso, el libro cuenta con numerosos datos perfectamente documentados. Así, algunos de estos llamativos datos indican que la emigración de asturianos a Madrid fue especialmente fuerte entre 1694 y 1734, cuando se llegó a que el 20% de los emigrantes a la capital del reino procedían del Principado. En 1850, según el padrón madrileño, llegó a haber 17.195 asturianos en la villa y corte, el 14,21% de la población inmigrante, la más numerosa.

Cangas del Narcea, Cabranes, Tineo y Villaviciosa fueron concejos que nutrieron principalmente los oficios llamados 'viles' de la capital.

Los asturianos llegaron a representar el 94,47% de los aguadores madrileños y el 66,33% de los serenos. Esportilleros y mozos de cuerda -porteadores-, lacayos, ayudas de cámara, conductores de simón -coche de caballos-, carboneros o nodrizas fueron otros de los oficios en los que los asturianos destacaron. Además, muchos de ellos, al requerirse licencia municipal, eran heredados por sus hijos, con lo que la estirpe continuó a lo largo de los siglos.

 
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