Hunosa sopla las velas de su 40 cumpleaños al tiempo que -triste casualidad- sofoca el incendio producido anteayer en el pozo María Luisa. El incidente ha devuelto a Hulleras del Norte, Sociedad Anónima, a la primera plana de la actualidad nacional cuando conmemora su aniversario con unas reservas de carbón de 12 millones de toneladas, 9 de sus 23 yacimientos abiertos, una producción de 960.000 toneladas y 3.000 trabajadores en activo.
Los datos son una muestra palpable de los progresivos recortes que ha sufrido la empresa más emblemática de Asturias, junto con Ensidesa, en la segunda mitad del siglo XX, cuando llegó a tener 26.294 mineros. Pese a su reducido tamaño, Hunosa afronta el futuro con la tranquilidad de formar parte de la reserva estratégica española y la esperanza de que, una vez llegado 2010, con 860.000 toneladas de producción y 2.042 trabajadores, no se vea sometida a más ajustes. Ante este horizonte, la empresa presidida por Juan Ramón García Secades se ha volcado en diversificar su negocio, apostando por las nuevas tecnologías de 'carbón limpio' y el fomento de otras fuentes energéticas, como el gas y la biomasa.
La 'nueva Hunosa' ya poco tiene que ver con sus orígenes. La compañía se creó por decreto el 9 de marzo de 1967 en un momento en el que las empresas privadas acumulaban cuantiosas pérdidas
por la confluencia de varios factores. A los costes de extracción del carbón asturiano -superiores al de sus competidores europeos por sus pozos verticales, estrechos e irregulares- se unió la liberalización del mercado español y el aumento de las importaciones de hulla. El sector -intervenido por el Gobierno- empezó a sentir, además, la competencia del petróleo.
Ante estas circunstancias, empezaron a crecer las voces que pedían la nacionalización y, tras un intento frustrado de crear Hulleras y Energías del Norte, S. A. (Henosa), nació Hunosa. El Instituto Nacional de Industria (INI) se hizo cargo de la empresa y aportó el 76,97% del capital inicial, cifrado en 3.380 millones de pesetas. El resto se repartió entre Duro Felguera, con una participación del 9,97%; Hullera Española, con un 6,04% y la Fábrica de Mieres, con un 2,3%. Se incorporaron también Carbones Nueva Montaña, Carbones Asturianos, Industrial Asturiana Santa Bárbara, Compañía de Carbones Industria y Navegación y Compañía Minero-Astur, con cuotas minoritarias.
Uno de los testigos del nacimiento de Hunosa es Desiderio Díaz, que siguió muy de cerca la constitución de la empresa desde su cargo como presidente de la Asociación de Administrativos de Minas de Asturias. No obstante, dos años después de su creación, tuvo oportunidad de conocerla más en profundidad puesto que la empresa para la que trabajaba, Minas de Langreo y Siero, también se incorporó a Hunosa.
Desarrollo industrial
«Si no se hubiera creado Hunosa, las minas hubieran cerrado por sus déficits astronómicos», asegura Desiderio, que, desde el sindicato de cuadro, jugó un papel importante en la organización de la empresa, unificando los salarios y las jornadas de las compañías privadas integradas en Hunosa. «Además -añade-, no se puede obviar el carácter social de la empresa, dado que, entre puestos directos e indirectos, daba de comer a 150.000 trabajadores».
De la misma opinión es el histórico dirigente sindical Noel Zapico Rodríguez, que fue presidente del Consejo Nacional de Trabajadores y se incorporó a Hunosa procedente de Carbones Asturianos. «Hunosa ha contribuido, sin duda alguna, al desarrollo industrial de Asturias y de España. El crecimiento de la siderurgia fue posible gracias a la proximidad del carbón», sostiene.
Ahora bien, la empresa -que en sus comienzos tenía una producción media de 3,9 millones de toneladas- no pudo frenar las pérdidas que, en 1970, ascendían a 3.800 millones, más del capital inicial de Hunosa. El alivio momentáneo que supuso la primera crisis internacional del petróleo en 1973 permitió a la empresa mejorar los lavaderos de Modesta, en Langreo, y Batán, en Mieres, y acelerar la mecanización, además de afrontar las primeras explotaciones a cielo abierto y los proyectos de diversificación con la creación de Norfor para la explotación de madera y de Sodemina, para la venta de equipos mineros.
Pese a todo, en 1979, cuando se registra la segunda crisis petrolífera, la minería europea ya había avanzado en los planes de ajuste mineros. Alemania, Inglaterra, Bélgica y Francia empezaron a cerrar pozos ante su pérdida de competitividad frente a países como Polonia, Rumanía, la Unión Soviética, La India y Sudáfrica que, con bajos salarios y sus métodos de mecanización para extraer carbón a gran escala, colocaban el carbón en el mercado a precios más baratos.
En este contexto, en 1980, el Gobierno español acordó con Hunosa llevar adelante los planes para reducir el peso de la minería en Asturias, denominados contratos-programa. El primero se llevó a cabo entre 1981 y 1983; el segundo, entre 1984 y 1986 y el tercero, entre 1987 y 1990. En una década, Hunosa pasó de 22.000 puestos de trabajo a 18.000. «Cuando, a comienzos de los ochenta, firmamos el plan con el presidente de la empresa Juan Tesoro, la evolución de Hunosa ya se veía venir -explica Desiderio Díaz-. El propio documento decía que el plan 'será deslizante según los resultados'. Es decir, que había una conexión directa entre el futuro de Hunosa y sus pérdidas».
Llegado a este punto, Díaz sostiene que «la reconversión de la minería asturiana se ha hecho muy lenta. Recuerdo que, en el año 1966, fui a Bélgica a jugar a los bolos y allí, hablando con los mineros, ya me advirtieron de que se estaban cerrando pozos. Europa nos adelantó 20 años en el proceso de reconversión y, por eso, la diversificación de las comarcas mineras también es más lenta».
En medio de la crisis minera, España entró, en 1986, en la Comunidad Económica Europea, lo que supuso restricciones añadidas a la minería pública. A principios de los noventa, habiendo clausurado Bélgica y Francia sus explotaciones y manteniendo Alemania y el Reino Unido sólo aquellas con alta productividad, el Ejecutivo comunitario consideró que había llegado el turno de España. Los planes de reestructuración de Hunosa -iniciados por el Gobierno español y apoyados por la Comunidad Económica Europea y la CECA- se desarrollaron con el objetivo manifiesto de reducir la plantilla para llegar al cierre de los pozos no rentables.
Así, se elaboró un plan de empresa que tenía tres fases: la primera, de 1991 a 1993; la segunda, de 1994 a 1997, y la tercera, de 1998 a 2002. Sólo en la primera fase se planteaba reducir la plantilla de 18.000 a 12.000 trabajadores mediante una controvertida medida de altas prejubilaciones, lo que significaba una pérdida mayor que la que se había dado en toda la década anterior. De hecho, uno de los episodios más recordados por las organizaciones sindicales y símbolo de su lucha contra el desmantelamiento de Hunosa fue el encierro iniciado por las ejecutivas mineras del SOMA y CC OO el 22 de diciembre de 1991.
El secretario general del SOMA, José Ángel Fernández Villa, fue uno de los 36 dirigentes que 'acamparon' a 200 metros de profundidad en una de las galerías del pozo Barredo, donde permanecieron diez días. Villa -que insiste en que no se debe mirar el color político para lograr un pacto en la minería- se enfrentaba, así, a la Ejecutiva federal del PSOE, de la que formaba parte, y al gobierno de Felipe González.
En medio de este periodo, Hunosa es protagonista de la mayor tragedia de la minería española. En 1995, una explosión de grisú se llevó la vida de 14 trabajadores. Un año después, en 1996, Luis Tejuca asumió la presidencia de Hunosa. Durante su gestión, que se prolongó hasta 2004, Tejuca fusionó Minas de Figaredo y, como él recuerda, intentó «gestionar la empresa igual que una privada, profesionalizando la estructura de la plantilla». Ahora bien, reconoce que lograr la aprobación de los planes «evidentemente, no fue sencillo». En este sentido, destaca la labor de los sindicatos, puesto que «supieron entender el problema al que nos enfrentábamos en un marco europeo y supieron buscar, conjuntamente, alternativas a la pérdida de empleo. En los últimos diez años -también con el plan 2002-2005- se han creado 2.000 puestos al margen del carbón».
Tejuca -que destaca el papel de Hunosa en la mecanización de la minería española, así como su liderazgo en temas de seguridad»- afirma que, transcurrido el plan de empresa 2006-2012 (que fija una producción para 2010 de 860.000 toneladas y una plantilla de 2.042 trabajadores), Hunosa no sufrirá más ajustes. En su opinión, «es posible que concentre los pozos necesarios para abaratar costes». Por su parte, Noel Zapico cree que estos parámetros se revisarán al alza a partir de 2012, puesto que las energías renovables no van a sustituir a las tradicionales. Por prudencia política y económica, hay que mantener los pozos». DESIDERIO DÍAZ
NOEL ZAPICO RODRÍGUEZ