La Escuela Jovellanos «se ha transformado y engrandecido desde su traslado a la Universidad Laboral». El director del centro, Rafael Pérez Lorenzo, destacó ayer las bondades del cambio de ubicación. Una de ellas, el mayor índice de presencia en las aulas por parte de los alumnos. «En estos meses, los estudiantes asisten más a clase, quizás porque no pueden escaparse a la cafetería de la esquina», bromeó. Pero no ha sido la única ventaja: los alumnos se relacionan más «entre ellos y con los de otras titulaciones». El viejo proyecto de trasladarse ha conseguido, por lo tanto, «que contribuyamos a crear un campus más sólido y más potente». Eso, además de haber ganado en número de aulas, entre otras cosas, y de poder disfrutar de su «joya», la nueva biblioteca.
Ese es el presente de la Escuela Universitaria Jovellanos, pero ayer fue jornada de mirar al pasado, aunque fuera el más reciente. Porque la última promoción que finalizó sus estudios en el inmueble del centro de la ciudad, en el curso 2005-2006, recogió sus diplomas en un acto celebrado en el Teatro Jovellanos. Los 227 alumnos que finalizaron los estudios de las tres diplomaturas, Ciencias Empresariales, Gestión y Administración Pública y Turismo, escucharon en todas las intervenciones una misma idea: empieza para ellos una nueva etapa, quizás la más complicada.
Pero el vicerrector de Relaciones Instituciones de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, quiso ser optimista: «El mundo es grande, no le tengáis miedo. No es una amenaza. Lo que está fuera es un reto».
Un reto que aceptó Mari Luz Carro Menéndez, premio fin de carrera en Gestión y Administración Pública y también premio de la Fundación José Riera, en nombre de todos sus compañeros. Orgullosa de haber pertenecido a una promoción de la Escuela Jovellanos «especial, interesante, disciplinada y con mucha clase», aceptó que «el porvenir nos exigirá trabajo, dedicación y entusiasmo».
El «orgullo» de la ciudad
Y si los ex alumnos tienen retos, la Escuela también. Su director los nombró: internacionalizar los estudios y mejorar la formación práctica de los estudiantes en empresas de la ciudad.
Todo eso se hará desde las nuevas instalaciones en la Laboral, pero las viejas no quedarán olvidadas, porque «la Universidad no deja el corazón de Gijón», dijo el vicerrector. El primer teniente de alcalde, Pedro Sanjurjo, que participó en el acto en representación de la alcaldesa, asintió, al mismo tiempo que mostró el «orgullo» que la ciudad siente por un centro universitario que ha compartido la historia de Gijón desde hace más de un siglo.