Asturias no sólo bebe sidra, sino que desde hace, al menos, dos milenios consume el vino elaborado en su tierra. Estos caldos son elaborados con una uva autóctona del Principado y que sólo crece en la región. Se trata del carrasquín tinto, albarín blanco y tinto y verdejo tinto, tres variedades que según el Servicio Regional de Desarrollo Agroalimentario (Serida) permiten elaborar uno vinos «atractivos y de gran calidad».
La producción del vino en Asturias, que está en pleno auge, se centra en el Suroccidente, en los municipios adscritos a la Identificación Geográfica Protegida (IGP) del Vino de la Tierra de Cangas: Illano, Pesoz, Grandas de Salime, Ibias, Degaña, Cangas del Narcea, Allande y, recientemente, incluida la zona vinícola de Tineo.
Durante tres años, el Serida ha llevado a cabo un intenso programa de investigación de las variedades de uva autóctona de Asturias. Este programa coordinado por Loli Loureiro, ha dado como resultado la selección de 83 clones de vides autóctonas -también se han recogido otras variedades introducidas, como el godello, moscatel y albillo- libres de virus. Estos clones pasarán a formar parte de un banco genético con el que se pretende preservar e impulsar las variedades de uva propias de Asturias.
El rastro histórico de estas uvas se pierde en los tiempos. Aunque se cree que la elaboración del vino en la región fue introducida por los romanos, se cree que el cultivo de las vides se realizó desde mucho antes.
La presencia de cepas desde tiempos remotos ha logrado dar una cuatro variedades de uva que sólo se dan en Asturias. De todas ellas, la más característica de la región es el carrasquín tinto. «Sólo se da aquí, es la más característica de la región», comenta Loli Loureiro. Esta uva se caracteriza por dar unos vinos muy ácidos y astringentes, «pero agradables», explica la responsable de catas del Serida Anna Picinelli. «Me recuerda al chianti italiano», añade.
En segundo lugar, Asturias también se le considera como la tierra de origen del albarín tinto (aunque en Galicia también existe una uva muy similar a la que se le conoce como caiño gordo). El vino que ofrece es «más convencional», comenta Picinelli. Se caracteriza por su acidez y amargor más equilibrado, por ofrecer unos toques de frutas del bosque y por «una cierta capa de color amplia». También se puede encontrar en la región el albarín blanco, aunque es una variedad «legítima» de Betanzos.
Finalmente, entre las uvas con 'RH' asturiano se encuentra el verdejo tinto. Se trata de una variedad que ofrece unos vinos menos ácidos que los anteriores y con unos aromas tostados.
Los responsables del Serida que han participado en este programa de investigación aseguran que las variedades de uva asturiana permiten elaborar unos vinos «atractivos. Cada una de estos tipos cuentan con un perfil muy particular».
De esta forma, Anna Picinelli y Loli Loureiro aseguran que los caldos elaborados con estas uvas «serían para aquellos que les gustan los vinos nuevos y con gran identidad».