La parroquia de Pría vistió ayer sus mejores galas para celebrar la fiesta de la Flor y para despedir al párroco Ángel Obeso, quien se ocupó de apacentar sus almas durante los últimos 20 años. Y a su lado se encontraba el fiel sacristán, José Blanco, que también fue homenajeado. La jornada fue espléndida por la bonanza del clima y emotiva por su contenido.
La misa contó con el acompañamiento del coro Manín, de Lastres, y en el transcurso de la misma se entregó la Flor a los matrimonios formados por Narciso Martínez y Ángeles Barrero; Luis Zapico y Pilar Lois, y José Blanco y Carmen San Miguel. Al primero por 50 años de convivencia y a los otros dos tras 25 años de unión. Idéntica distinción recibieron los jóvenes Ernesto Herrero, Adriana Quesada y Ángeles del Campo, al cumplir 18 años.
Al término de la función religiosa se formó una procesión que iba encabezada por el gaitero Xuacu Amieva y el vecino Ángel Cueto Ruiz, quien llevaba el Pendón.
A continuación aparecía un ramo de rosquillas dulces y otro de pan artesanal que descansaban en los hombros de Enrique Inés, Enrique Díaz, Guillermo Fernández, Juan Inés, Fidel Llano, Elías Vela, Pablo García y Carlos Inguanzo. Medio centenar de mujeres ataviadas con el traje de llanisca eran el preludio a las andas de la Virgen de la Flor, a cuya estela se situaba una ingente multitud de fieles. Las mozas no cesaron en sus cánticos con el rítmico acompañamiento de un tambor que tañía Carmela Llovio.
De regreso al templo, sobre el crucero de la iglesia, el grupo folclórico local bailó con garbo y soltura las jotas de Pría, Leitariegos, Boal y Cadavedo.
Tras el tradicional canto de La Salve, se celebró la subasta del rosco grande del ramo y la puja finalizó con la extraordinaria cotización de 200 euros. Los festejos matinales se dieron por concluidos con una concurrida danza prima.