SON ustedes muy libres de no creerlo, pero el último diálogo sostenido entre la esotérica Sibila, la bruja del Natahoyo, y el confucionista Ya-Lo-Tsé que seguidamente se reproduce resulta bastante más digno de crédito que la mayoría de mítines electorales que se nos echan encima:
-Defíneme los sueños de una forma sencilla, maestro -comenzó la bruja.
-Su esencia la constituyen los signos que cruzan los caminos del pensamiento. Y los que sueñan se dividen en media docena de clases: los sanguíneos, los biliosos, los flemáticos, los que están bajo la influencia de una divinidad, los que sueñan por efecto de sus experiencias y los que tienen sueños premonitorios. Esta última constituye precisamente la única clase de sueño auténtica.
-Cuando se tiene un sueño premonitorio, ¿es el propio pensamiento el que parte por sí mismo en busca del signo, o es el signo el que, espontáneamente, cruza los caminos del pensamiento?
-La segunda opción es la correcta. De idéntica manera, el espejo no va delante del reflejo, y nadie viene a poner el reflejo en él, sino que es el objeto reflejado el que por sí mismo viene de otra parte hasta el campo del espejo.
-O sea, que es el propio pensamiento quien hace el signo y lo interpreta.
-No exactamente, dado que después del presagio implícito en lo onírico debe contarse el sueño a un especialista para que lo interprete. Piensa que nuestro cuerpo es cual espejo, el sueño como las tinieblas, y la mente del practicante de oniromancia es la luz.
-¿Qué listo eres, Ya-Lo-Tsé!
-Ya lo sé, bobina, pero tú tampoco lo haces nada mal, ya que no con la oniromancia, sí con la oriciomancia de la que eres además creadora. Según me dijo la aprendiza de bruja Morgana la Fata, lo de leer el futuro en las huevas de los oricios sirve también para interpretar sueños.
-A ti no puedo ni debo engañarte, y la verdad es que sólo sirve para la interpretación onírica obvia, sobre todo en los sueños políticos. Sirvan este par de ejemplos: un conspicuo del PSOE me narró el sueño recurrente de que en el mes de las flores habría rosas por doquier; mientras que otro del PP me refirió sueños en los que veía cómo una gaviota anidaba en los ayuntamientos de Oviedo y Gijón, así como en el Gobiernín.