Miércoles, 18 de abril de 2007
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«Ya sé por qué Daniel fue asesinado»
El marido de Pilar Manjón cuenta en el juicio que siempre pensó que «por las Azores nos van a dar un pepinazo» Un grupo de víctimas reclama al juez la responsabilidad «de los anteriores gobernantes»
«Ya sé por qué Daniel  fue asesinado»
DESTRUCCIÓN. Estado en que quedaron dos vagones en la estación de Atocha. / E. C.
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La foto de las Azores había dado mucho de que hablar en aquellas fechas y a Eulogio Paz se le ocurrió comentar entre amigos que «a cuenta de esa foto nos van a dar un pepinazo». La mañana del 11 de marzo, Eulogio perdió a su hijo Daniel, de 20 años, en la estación de El Pozo. Lo supo después de recorrer todos los hospitales de Madrid y acabar en Ifema con la esperanza pendiente de un mísero hilo. El marido de Pilar Manjón declaró ayer como testigo en el juicio del 11-M. Ante el magistrado revivió la dolorosa jornada. «Llamé a Pilar. Estaba llorando y me dijo: 'Me quiero morir'». Todavía hoy, tres años después Eulogio y Pilar, tienen que mentalizarse de que «la vida sigue». Por eso, señaló el padre de Daniel estudié para saber quién había matado a Daniel. «Y ahora lo sé. Ya sé por qué Daniel fue asesinado». Y entonces rememoró aquella charla entre amigos que resultó tan dolorosamente premonitoria.

Después, reclamó «al tribunal cadena perpetua para quienes considere culpables y responsabilidad para los anteriores gobernantes».

Como él, otro grupo de víctimas de los atentados citada por la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, reclamaron justicia por las decisiones del Gobierno de José María Aznar.

«Antes de los atentados, la FAES, la fundación de Aznar, advirtió de que cabe esperar el reconocimiento de la amenaza terrorista si se produce la guerra de Irak. Ellos anticiparon la que se nos caía encima, así que asuman su responsabilidad», añadió.

Como Eulogio, Antonio Miguel Utrera Blanco, Álvaro Vega García, Isabel Casanova Ortega, Jesús Ramírez y Javier García Castro perdieron aquella trágica mañana del 11-M parte de su vida. Antonio, la confianza en los seres humanos. «Desde los atentados me he vuelto misántropo. Mi relación con la humanidad choca».

«Hemos tenido suerte»

El joven estudiante de Historia que aquella «fría mañana» se dirigía en tren a la Universidad relató con facultades casi literarias sus sensaciones. «Veía a gente deambulando. Era como un baile de sonámbulos... Mucho silencio. La gente caminaba sin mirarse; miraban a la nada. Cuando me metieron en el hospital de campaña, perdí la consciencia».

Álvaro Vega no volverá a ver caminar a su hermana. «Laura se encuentra en estado vegetal, en coma». Y a Isabel Casanova aún le retumba en los oídos la llamada de su hijo mayor: «'Mamá es mi cumpleaños y ni mi hermano ni papá me han llamado aún'. Siempre le llamaban a primera hora de la mañana. Su cumpleaños es el 11 de marzo, pero aquel día no le llamaron».

Javier García Castro encontró a su mujer malherida en una de las estaciones. Avergonzado, admitió en la sala que «no presté ayuda más que a un chico al que el polvo de un extintor le estaba ahogando. Les decía que estaba buscando a mi mujer». Al encontrarla le dijo: «María, hemos tenido mucha suerte».

Los desgarradores testimonios de las víctimas hicieron mella en el público y el tribunal. «Creo que necesitamos un receso de veinte minutos», consideró el magistrado Javier Gómez Bermúdez.

 
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