«Hace tres años resucité, como Lázaro». Fernando Santodomingo se presenta, tras un fuerte apretón de manos, contando un accidente que casi le cuesta la vida. «Un caballo de unos 800 kilos salió repentinamente a la carretera y cayó encima del coche que conducía en Canido (Vigo). Dicen que cuando me desperté tras la anestesia, hablaba en inglés y en gallego y desde entonces he quedado un poco feo». Con un suave acento de no se sabe dónde -nació en Huelva, se crió en Vigo y estudió en Inglaterra- y con un humor británico, heredado quizá de su paso por la Universidad de Newcastle donde cursó Arquitectura Naval, el presidente de Factorías Vulcano y de Juliana habla del «buen momento» que atraviesa el sector naval y de un futuro lleno de proyectos para el astillero asturiano. De Naval Gijón, del que Vulcano es accionista, admite que su alternativa «es el cierre», pero tiende su mano para recolocar en Juliana a los trabajadores «con las mismas categorías y condiciones».
-La sociedad Pequeños y Medianos Astilleros en Reconversión (Pymar) les planteó la posibilidad de que Vulcano se hiciera con las riendas de Naval Gijón.
-Sí. Mi relación con Pymar ha sido siempre muy buena desde que fui presidente de la sociedad. Yo nombré sucesor a Francisco Angulo y en su etapa se ayudó a Naval Gijón. Sorprendentemente el astillero debe ahora a Pymar 100 millones de euros, una monstruosidad, algo que no se entiende. Yo preguntaba a Pymar si no había una forma de arreglar la situación de Naval Gijón, suspendiendo pagos, que es lo que se hace cuando una empresa va mal. Pero la respuesta fue: «No puede ser porque todo lo que debe Naval Gijón nos lo debe a nosotros y si suspendemos pagos, nos suspendemos a nosotros mismos». En esa situación, el dueño de Naval Gijón es ahora Pymar, que vigila que el astillero no pierda más dinero con los barcos que contrata. Pymar somos el resto de los astilleros y a ninguno nos gustaría que desapareciera la sociedad, porque es un fondo de garantías y nos gastamos todos un montón de dinero.
-¿Qué alternativa le queda entonces a Naval Gijón?
-El único futuro es el cierre, claro. No hay nadie dispuesto a pagar una deuda de 100 millones de euros por un astillero sin que estén las cosas claras. Además, Naval Gijón no es un astillero que se defienda bien, porque, por su diseño, tiene que construir los barcos en sus instalaciones y luego montarlos en el puerto de El Musel.
-Es la primera vez que alguien se pronuncia tan claro sobre el futuro de Naval Gijón, que en el primer trimestre de 2008 tiene previsto entregar su último barco.
-Pero que quede claro: nosotros no somos los que cerramos Naval Gijón, nosotros estamos aquí para echar una mano.
-¿Quién decide el cierre?
-Supongo que Pymar.
-¿Qué pasará con los trabajadores de Naval Gijón?
-En el caso de que Naval Gijón cierre, nosotros estamos dispuestos a acoger a la plantilla. Me encantará recibir a la gente y no veo que haya mucha dificultad. Naval Gijón tiene 90 personas en plantilla y hay planes para prejubilar a 40. Lo mismo ocurre con Juliana, donde también hay previstas 111 prejubilaciones de los 150 trabajadores. Con el personal que quede en ambas factorías tras los procesos de prejubilación, habría una plantilla perfecta en Juliana. En cualquier caso, las prejubilaciones serán siempre voluntarias.
-Habla de prejubilaciones y usted, con 65 años y al pie del cañón.
-Hombre, yo no soy partidario de las prejubilaciones. Y luego que me hablen de rejuvenecer las plantillas, pues como no meta a niños de Primera Comunión...
-¿Mantendría las categorías de los trabajadores de Naval Gijón en Juliana?
-Sí, por supuesto. Las condiciones serían las mismas, no pueden ser otras.
-Pymar había dicho a los sindicatos que en dos meses buscaría un socio para Naval Gijón, justo cuando pasen las elecciones autonómicas y municipales.
-Ya.
-También se había dicho que los accionistas estaban buscando nueva carga de trabajo para el astillero.
-!Pero si no se entiende ni la última operación¿ Firmaron el contrato por cuatro barcos portacontenedores por 28,5 millones de euros cada uno y Vulcano los había ofertado por 33,5 millones. Eso es lo que asusta a Pymar, que Naval Gijón siga perdiendo dinero.
-UGT defiende un único astillero, pero en El Musel.
-Cuando estuvimos con el consejero de Industria y Empleo del Principado, Graciano Torre, nos dijo que teníamos que pensar en hacer el astillero de Juliana en El Musel. Que el crecimiento natural de Gijón es hacia aquí y que ésta es una zona muy bonita para pasear. Nos dijo que lo vayamos estudiando.
-¿Y?
-Es una utopía. El Principado propone hacer un estudio que ellos financiarían sobre cómo se haría ese traslado. A mí, que se haga el estudio y que lo hablemos me parece bien, pero Juliana es tan bonito... Y encima tenemos planes para ampliarlo. El traslado es más utópico que real, porque no podríamos parar la actividad para hacer otro astillero.
-El Principado financiaría el estudio, ¿y la inversión en El Musel?
-Es un detalle que convendría aclarar. Costará un par de duros...
_¿Asfixia esa presión urbanística?
-No a nosotros, pero parece que al Principado, sí. La presión urbanística aumentará si cierra Naval Gijón y si el tallerón de Duro Felguera también se va, pero es una presión relativa porque irnos de aquí no es tan fácil.
Barcos mayores
_¿Cómo son sus planes para ampliar Juliana?
-Juliana tiene gradas para hacer barcos de 40 metros de manga. Los armadores quieren cada vez barcos más grandes, porque para ellos es más económico poder llevar más carga con el mismo número de trabajadores. Juliana tiene muchas posibilidades porque se puede ganar, no sólo en el calado, sino que lo ideal sería convertir la botadura en una desvarada, de tal forma que el barco vaya mucho más despacio y flote mucho antes de llegar al montículo profundo para hacerse a la mar. Estamos negociando tres barcos, uno de ellos muy grande, para un armador escocés y estamos viendo las posibilidades que tiene el astillero.
-Juliana tiene carga de trabajo al menos hasta 2010.
-Y estamos con muchas negociaciones preliminares. Tenemos el contrato de cuatro barcos para un armador noruego, que pueden llegar a seis; el buque cementero para Masaveu, un posible contrato para tres quimiqueros pequeños, otra oferta para hacer tres barcos aquí y otros tres en Vigo y, en fin, muchos frentes abiertos.
-¿Se crean sinergias entre Juliana y Vulcano?
-Sí. Un defecto de los astilleros es la falta de ingenierías, que son carísimas. Por eso, quiero crear entre Vulcano y Juliana la mejor ingeniería de España. Hacer una única ingeniería y reforzarla con la parte técnica que haga falta y traer gente de Alemania o Polonia. Por hacer el diseño de un barco llegan a cobrar dos millones de euros, sólo por el diseño, una monstruosidad. Intentaré traer la ingeniería a Gijón. Quiero que sea una empresa independiente que preste sus servicios a cualquier compañía que lo requiera, siempre y cuando no haya de por medio competencia por el contrato de algún barco.
-¿Por qué Naval Gijón se quedó atrás frente a astilleros como Vulcano, Gondán o Armón?
-No sé, la gente... Pasó de mano en mano después de los Orejas. Además, tiene el problema añadido de que carece de muelles de armamento. Cada vez que botan un barco lo tienen que llevar a El Musel y eso encarece mucho los costes y se pierde tiempo. Son muchas las circunstancias que hacen que el astillero no sea competitivo.
_¿Cómo se compagina tener una 'joya de la corona' como Juliana y ser accionista, al mismo tiempo, de Naval Gijón?
-En Naval Gijón estamos para dar soporte a Pymar.
-Usted logró sacar a Vulcano de la quiebra.
-Sí, entonces era presidente de Pymar, joven y con ganas de hacer cosas. Conseguí un importante contrato con Rusia y luego se fueron arreglando las cosas. Había estado trabajando antes en el astillero familiar, Santodomingo, pero todos se revolvieron. Las empresas familiares son un desastre.